CR. ¿Petulante, Sergio Erick Ardón Ramírez engreído, rajón?

Francamente me da igual lo que alguien pueda pensar. Ya estoy muy mayorcito para preocuparme. En toda caso, en detalle, ya lo he contado.
En esta mañana que es preciosa, con una temperatura exquisita, una brisita acariciante, una luminosidad perfecta, en medio de la vegetación salvaje que llamamos jardín. viendo hacía el sur , hacía el guanacaste gigantesco, centenario, testigo mudo de partes muy importantes de mi vida, imaginando los cerros de Puriscal que
apenas se cuelan, he pensado en lo mucho que he ido por el mundo.
Y he sacado estas conclusiones :
La inmensidad de esos portentos de aguas poderosas que son el Amazonas y el Mississippi, la espectacularidad de las cataratas del Niagara, las sobrecogedoras soledades silenciosas de la pampa argentina y las llanuras castellanas, la picardía imperial de ciudades capitales como Londres, Viena, Madrid, Roma o Paris, los fabulosos callejones y mezquitas de una Estambul, que puede atestiguar de tanta historia, la coquetura sin par de Barcelona, que clama por ser capital de una nación que lo merece, Moscú y su Plaza Roja, donde aún se escuchan los pasos apurados de los parteros bolcheviques , los misterios insondables de la ciudad prohibida de Beijing, las multitudes uniformes de Shangai que inundan las calles, sin saber donde van , en apariencia, Buenos Aires que semeja un remedo de capitales europeas, pero con Caminito, el portentoso Aconcagua coronando la más larga cordillera, cuajada de lagos color de esmeralda, el Sahara y sus arenas disputadas, la imponente e insondable profundidad de los océanos, el azul intenso del Egeo donde con un poco de imaginación y cerrando los ojos, se puede ver surcando las aguas la barca de Odiseo, las blancas e interminables playas de la isla caribeña de la santa rebeldía, las selvas impenetrables de la trágica Colombia y del Orinoco. Yucatán árido y plano con sus reliquias. Praga y Florencia, que junto a San Miguel Allende, Brujas, Quebec y Venecia parecen hechas, a propósito, a escala humana. Una Nueva York que enseña lo que no debe ser una ciudad, o una ciudad de México, que es un museo de historia americana, Los Alpes blancos que se pierden entre las nubes y en el horizonte y dan cobijo a un pueblo singular. Los misterios fantásticos de una Edimburgo, La Habana restaurada, que una vez que se concluya difícilmente tendrá rival en Nuestra América. Sucede lo mismo con el Poás, que ni el Vesubio , ni el Etna, ni el Masaya le besan los pies, tanta belleza.
He visto tanto, y aún no me doy por satisfecho. Algunas veces invitado , otras pagando, de turista algunas veces y otras de aprendiz de conspirador. Solo y temeroso algunas veces, bien acompañado y confiado en otras ocasiones, y hasta mal acompañado.
Y esta mañana sentado en la terraza de cemento lujado, desayunando, viendo hacía el sur , hacía el vetusto guanacaste y la lejanía azul de Puriscal, he pensado, que no hay lugar más
encantador y acogedor que este en que nos encontramos.
Y no es que yo tenga por himno que me conmueva la Patriótica, que me parece un canto a la hipocresía, una oda llena de complejos.
Estos aires frescos de diciembre, esta briza femenina acariciante, esta luminosidad de un sol radiante, este sosiego, que yo, generoso con mi mismo, creo bien ganado, no tiene paralelo posible.
Si la fantasía del Paraíso, pudiera describirse y ser algo concreto, seguramente que lo que tenemos, no le andaría lejos.

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