CR. El Grupo de Lima. Sergio Erick Ardón Ramírez

Cuando la derecha latinoamericana estaba en auge y el progresismo, que había imperado en la década anterior, a la defensiva, en Washington se decide, habida cuenta de las dificultades surgidas en la oea , impulsar la creación de un instrumento que diera la apariencia de independencia y que tuviera por todo propósito sacar del poder en Venezuela al chavismo.
Ese objetivo central y único, se llamó : “recuperar la democracia” , con un poco de sinceridad el nombre podría haber sido “recuperar el petróleo”.
La movida estaba clara. En lo inmediato, desconocer la institucionalidad venezolana, montar a un “presidente” designado en Washington , declarar que en Venezuela había “crisis humanitaria”, para ese efecto las sanciones y los bloqueos de compras de alimentos, sobornar mandos del ejército con ofertas y amenazas, y si las cosas no salían como previsto, y el gobierno de Maduro resistía, promover una intervención armada con fuerzas de USA como eje, con participación de contingentes de Colombia y de Brasil y con presencia simbólica de otros ejércitos “libertadores”.
El Grupo de Lima daría la cobertura política necesaria, que recibiría el apoyo de los aliados de siempre, de las tropelías de USA, la Unión Europea y la OTAN.
Las cosas comenzaron a caerse cuando uno tras otro fracasaron los empeños , el ejército venezolano resulto ser leal al chavismo, y no sufrió grieta alguna, ni las amenazas ni las ofertas de soborno funcionaron. Maduro se atrincheró, con fuerte apoyo popular, contando con importantes respaldos extranjeros, que ayudaron a mantener la golpeada economía sin derrumbarse. China , Rusia, Irán, Turquía y otros países mantuvieron abiertos los canales comerciales y pusieron las cosas cuesta arriba para que Pompeo, Bolton y Abrams se salieran con la suya.
El aislamiento internacional no funcionó , el gobierno de Maduro siguió siendo el reconocido por la ONU a pesar de las fuertes presiones de Washington.
El Grupo de Lima, del que curiosamente no forma parte USA, aunque todo el mundo sabe quien manda, se dedicó a hostigar a Venezuela, produciendo declaraciones una tras otra, buscando siempre dejar abierta la posibilidad de la invasión, la salida de fuerza, que Trump y los suyos decían una y otra vez que estaba sobre la mesa.
Pero la cosa comenzó a derrumbarse cuando tanto en Argentina como en México, dos pesos pesados regionales, las cosas cambiaron, y subieron a los gobiernos de esos países fuerzas políticas independientes de carácter progresista, que no estaban comprometidos con la arremetida contra Venezuela, y que reconocían al gobierno de Maduro y el derecho de ese país, a resolver sus asuntos internos sin injerencias de fuera.
El deterioro se acentuó cuando tanto Duque en Colombia, como Piñera en Chile, se encontraron con las manos llenas, dados los conflictos internos que afrontaban. Vino después Perú, políticamente descompuesto, deponiendo y poniendo presidentes
a un ritmo digno de récord Guiness. La derecha centroamericana, con serios cuestionamientos en Honduras y Guatemala, en estos asuntos de importancia cuenta poco. Tanto Bukele de El Salvador, y Varela de Panamá, así como nuestro débil Alvarado, han estado ahí haciendo coro, pero sin que aporten algo más. Uruguay y Paraguay así como Ecuador en papeles secundarios, propios también de gobiernos limitados. Brasil que estaba llamado a ser la cabeza de la arremetida, se ha ido quedando solo, con un Bolsonaro que es más dado a los extravíos evangélicos que a otra cosa, y que al perder a Trump pierde inspiración. El rescate de Bolivia de las manos del golpismo y la vuelta a una Bolivia progresista y solidaria, es el último golpe que ha sufrido el Grupo de Lima.
Todo esto para concluir que el tal grupo ha perdido su mordiente original y ha dejado de ser un instrumento político de utilidad para la Casa Blanca.
En su momento sumó a la derecha regional, que se veía compacta, más Canadá, que juega un papel muy desteñido, pero las cosas han evolucionado de manera tal que su existencia misma está en peligro.
Biden, que parece un poco más juicioso que Trump, difícilmente va a darle respiración artificial a este moribundo.

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