CR. Saludo a Mario Devandas. Sergio Erick Ardón Ramírez

A lo largo y ancho de los años de militancia revolucionaria, se conoce mucha gente.
Gente movida por diversos incentivos. Los hay de ideales hondos, que asumen un compromiso de vida al lado de los más humildes, También los hay de calenturas de momento, o de ocurrencia, aquellos que se dejan llevar por lo que es moda. Incluso hay quienes ven en las filas de los insumisos la forma de ocultar su oportunismo o sus complejos y frustraciones. Y se cuelan algunos que, sin vergüenza, andan tras algún acomodo.
Cuando las cosas se complican y se ponen cuesta arriba. Cuando los proyectos se desarman y todo parece derrumbarse, es cuando se separa el grano de la paja y se sabe quien es quien.
Entre esos que se han enfrentado a las dificultades sin rendir banderas, siempre en la brecha, se distingue incuestionablemente Mario Devandas.
Las filas se ralean y se dan verdaderas estampidas de los cobardes y los pusilánimes, cuando la cosa aprieta. Gente que renuncia a sus supuestas inamovibles convicciones, que buscan refugio en la acera de enfrente, entre sus adversarios de apenas ayer. De esos hemos conocido muchos, infelizmente demasiados.
Mario en cambio ha estado ahí, no por simple empecinamiento, sino por seriedad y convicción, porque inteligente como es, nunca se ha negado a aprender y a corregir, a armarse mejor para ser más útil.
Por eso Mario Devandas es respetado, por eso es referente , por eso se le quiere, por eso Mario está entre los confiables.
Hoy sabemos que vive un trance muy difícil. Cuando su madurez unida a su consecuencia son más necesarias. Cuando las complejidades requieren mayores certezas. Cuando los hombres mástil no abundan, podríamos estar ante el ingrato momento de perderlo.
Que no daríamos porque ese momento no llegue, porque la ciencia
y su coraje arrebaten a Mario de un desenlace prematuro y doloroso.
Quienes en este país hemos puesto el empeño en hacerlo mejor para la gente humilde, sin cálculos y sin dobleces, estamos expectantes. Rezando, los que creen, y cruzando los dedos los que no.
Mario debe saber, que somos muchos miles los que con él estamos, hechos un fraternal haz de solidaridad, llenos de gratitud y admiración.

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