CR. El ahorro ¿una virtud? Luis Paulino Vargas Solís

La escena es harto familiar: la señora o señor periodista entrevista a uno de esos economistas que aparecen veinticinco veces al día en los diversos telenoticiarios televisivos: “usted como experto ¿qué le recomienda a la gente para que logre administrar su aguinaldo de la mejor forma?”.

La pregunta es retórica, y las respuestas tan cajoneras como resulta usual en esos economistas. Lo que se busca es reivindicar las antiguas virtudes burguesas del ahorro y el comedimiento, algo que hace ya tiempo cayó en desuso.

Pero, en fin, eso es lo que las normas de urbanidad exigen, y la prensa no puede en modo alguno desentonar.

La verdad es que, sin necesidad de consejos de “expertos”, esta temporada navideña la gente gastará mucho menos que en años anteriores. En muchos casos porque no pueden, sea porque no reciben aguinaldo del todo o lo reciben muy disminuido. En otros casos, porque la atmósfera está cargada de incertidumbre, e inclusive quienes han conservado su empleo y su ingreso, sienten temor e inseguridad.

Y, sin embargo, a la economía le convendría que la gente gaste alegremente, a lo manirroto. Es necesario para salir del profundo hueco de la recesión, y que los negocios ganen tracción de nuevo y los empleos reaparezcan. Necesario, sí, pero altamente improbable.

Sí, ya sé, el sentido común dice que el ahorro es bueno. Pero ahí aplica un “depende” que el sentido común -tan proclive al error- prefiere eludir. Hoy, para la economía, el ahorro es una muy mala idea.

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