CR. Dejar a un lado la pereza mental. Mario Ruiz

Quienes me conocen saben que no soy la persona más futbolera del mundo. Pero los comentarios moralistas que he visto a raíz de la muerte de Maradona, me recuerdan semejantes reacciones alimentadas por una óptica simplista y unidimensional hacia personajes sobresalientes del arte, del deporte o cualquier otro ámbito.
Que sus adicciones, que su machismo, que su vida desastrosa… La militancia de redes sociales que juzga con prepotencia y que evidencia la doble moral de quienes la aplican, siendo cómplices del conservadurismo inmerso en los paradigmas sociales bajo los cuales hemos crecido. Con un gran sesgo además, ideológico. Porque inclusive hay quienes creen que las expresiones creativas de los seres humanos deben responder a una determinada forma de pensar o a un modo de vida determinado para ser capaces de reconocerlas y aceptarlas.
Y no se trata de defender para nada actitudes machistas o el consumo irresponsable de drogas. Se trata de no ser hipócrita.
Se trata de poder ver más allá, de profundizar y dejar a un lado la pereza mental.
Criticar a Maradona es tarea fácil, de lo que era conocido, sobran cosas para criticarle. No obstante, nada de eso opaca su genialidad y pasión por el fútbol, nada de eso opaca su origen, su extracción popular, de cómo hizo vibrar a toda América e inclusive al mundo con su mezcla de arte y deporte. Es un personaje complejo, que en medio de la pobreza, logró sobresalir jugando al fútbol de una forma extraordinaria, crear fama y fortuna por ello. Pero se convirtió también en un personaje incómodo, porque no fue perro faldero y servil de los poderosos y del imperialismo, y no guardó silencio ante la industria mafiosa del deporte y ante las injusticias sociales y las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad social. En medio de sus propias contradicciones, él decidió optar por ese camino, a pesar de la realidad política y social injusta que ha aplastado históricamente a Nuestra América. Fue solidario con el pueblo que lo vio nacer.
Él mismo reconoció no ser un ejemplo a seguir, aún así, hay quienes se alegran por su muerte, por su mal ejemplo de vida, y podrán tener algunas-os inclusive vidas repugnantes, pero desde la militancia en redes sociales, lustrada con moralina grasienta, no pueden dejar de mostrar al mundo virtual su doble moral, bajeza y mezquindad.

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