CR-PasoAncho SanSebas. Cuando conocí de rebote a Maradona. Marcos Chinchilla Montes

Nunca he sido admirador del fútbol, por lo general me suele aburrir y no invierto nada de tiempo en verlo, menos en comentarlo. Creo que tiene que ver con una experiencia de mi infancia: estaría en tercer grado de escuela, en plena temporada de mangas, cuando una de sus semillotas se convirtió en balón; yo me desplazaba por la cancha (uno de los corredores de la escuela) imparable habiendo evitado a todos mis contrincantes, tenía completamente libre el marco, mandé mi más poderosa patada, y con tan mala suerte, que el portero no atajó el balón y fue a impactar directo contra la mejilla de mi niña Dinorah.
Aún recuerdo ver su cara manchada de amarillo por los jugos que aún quedaron del semillazo que le di, mientras huía a toda velocidad a esconderme en otro corredor. Desde ese día abandoné un brillante futuro en el mundo del fútbol.

El primer viaje que hice fuera del país fue a Barranquilla, impartiría un taller sobre Derechos Humanos en compañía de Laura Guzmán y Denis Ritchie, colegas. Nos tocaba hacer de todo, desde impartir contenidos, jalar cajas, buscar gasillas, cambiar dólares, hacer el registro, pagar la estadía de las participantes.

El segundo día iba en el ascensor cargando tres cajas super incómodas con los materiales del taller; por el peso, iba haciendo malabares para que no se me cayera ninguna. Entran al ascensor cerca de cinco personas e iban hablando de la técnica fubtolera, de las jugadas y estrategia para ganar un partido. En eso comienzan a hablar de Maradona, de lo excelente que jugaba, de cuanto los había inspirado, de las ocasiones en que habían coincidido, cuando se verían nuevamente, etc.
Cuando vieron que se me estaban cayendo las cajas, se ofrecieron no solo a ayudarme, sino que también muy amablemente me acompañaron hasta el salón del hotel en que teníamos el taller.
Dejamos las cajas en la entrada y nos despedimos con un gracias y un apretón de manos.

Al instante se me acercaron varias colegas colombianas bastante emocionadas a preguntarme desde hacía cuánto conocía a esas personas y a celebrar mi amistad con ellos. Con toda la sinceridad les respondí que los había conocido en el ascensor y que no sabía quienes eran. ”Cómo que no sabes, si son nada más y nada menos que el Pibe Valderrama y René Higuita”,
Y pues claro, con mi nulo amor por el fútbol, no tenía ni la menor idea sobre la existencia de Valderrama e Higuita, y menos su relación con Maradona y el reconocimiento que le hacían a éste.

A Maradona le reconozco su rebeldía, su cercanía con Fidel Castro y la Revolución Cubana; su apoyo al proyecto bolivariano fundado por Hugo Chávez; una persona cercana a los procesos de integración latinoamericana y contestatario de la nociva hegemonía norteamericana; ferviente opositor del fascista de Macri; y con un particular sentido de la corrección política que le permitía decir lo que se le viniera en gana, aunque ello desatara los odios de sus enemigos del fútbol y la política.

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