CR-ESPAÑA-MADRID. Maradona, un genio, un D10S incoherentemente humano. Ana Marcela Montanaro

Sí, Maradona fue un genio, un D10S incoherentemente humano.
Y yo una feminista incoherente que lo admira y lo llora como se llora a un compa. Con las lágrimas que salen desde el centro del estómago y atraviesan el cuerpo, para llegar al corazón. Sin que yo sepa todo lo que fue, no necesito charlas hoy, tampoco información. Que yo lo sé, y lo sé de sobra, pero incoherente y mujer, loca y humana, lloro.
Ayer partió, un ser humano, común y corriente que fue capaz de hacer levantar a las multitudes. Un tipo pecador, amoroso, violento, dramático y comprometido. Un hombre coherente en su incoherencia que dijo no a la guerra, no a Bush, y amó la vida de los asesinados en la Guerra de Las Malvinas. Fue amigo de los que se rebelan y no bajan la cabeza ante el poder.
Un ser humano que se enfrentó a sus demonios, un machuno, también.
Un pibe pobre, bajito y moreno que tuvo dos sueños: el primero jugar un mundial de fútbol y el segundo, ganarlo. El pibe, el Cebollita de Villa Florito, el barrio miserable en el que nació. Él es genio y rojo. El Pelusa pobre que fue voz de quienes no tenían voz y fue capaz de hacer levantar, gritar y soñar a multitudes. El ser humano que solo quiso vivir.
No se le perdonó su origen, su irreverencia ni su magia.
Maradona, es el Mundial México 86, es mi madre gritando un gol y luego gritando más fuerte otro gol. Soy yo, siendo casi una niña corriendo y saltando por el pasillo. Inglaterra arrodillada en la cancha. Y en una tremenda emoción, una de las más inmensas, comprender la relación del poder, política y fútbol. Es mi padre, pausado siempre, explicándome los fetichismos y chauvinismos en el fútbol.
Maradona, son los recortes de periódico pegados con celo en mi estante repleto de libros y cuadernos de adolescente, pedacitos de papel que me acompañaron mucho tiempo y que se pusieron amarillos para luego caerse de viejos.
Soy yo la niña, soy yo luego adolescente. Maradona es mi temprana maternidad. Es mi ingreso a la universidad. Es mi casa y los partidos en el portal en un suelo rojo y lleno de limitaciones, es mi hijo que apenas caminaba corriendo tras un balón. Es una tele vieja y pequeña para ver el mundial del 94.
Es la camiseta de Alexis con un autógrafo. Es una revista con fotos del mundial del 90 que le regaló Mario a Arturo, es Douglas, es Xo. Es escuchar a Harmon cantar “ole, olé, Diego”. Es tener la paciencia de Carlos defendiéndole en medio de discusiones moralistas.
Maradona, es un uniforme diminuto con un 10 estampado en la camiseta y un niño, mi niño, hoy ya convertido en adulto, siendo feliz de usarlo. Son los posters del Pelusa, La Bruja Verón, Batistuta, de la Albiceleste, en el cuarto de Arturo. Son las películas en VHS.
Maradona es una foto con la que bailé toda una noche de fiesta y desmesura.
Maradona es la mano de Kenito sosteniendo mis manos. Somos los dos abrazando nuestros miedos.
Decir Pelusa, es decir amigos, resistencias, sueños de revoluciones. Es decir amor. Es la alegría en los pies, la magia en la cancha, la mano de Dios y la tristeza de una meada.
Decir Diego, es decir parte de pedazos de muchas vidas.
Maradona, son mis compas. Sí, los mismos con quien iba al estadio, con quien compartía los partidos de fútbol por la tele, con quienes fui a marchas universitarias.
Mis compas igualmente machunos, que se esfuerzan por romper con este sistema.
Mis compas de la vida, con esos con quienes charlé y charlo sobre feminismos anticapitalistas, antirracistas y descoloniales. Sí, ellos son incongruentes y amorosos. Sí, yo feminista, incongruente y cabreada con este sistema y con ellos, también. Y sí, también me enfadé con Diego muchas veces.
Ellos mis compas. Maradona, también fue mi compa. Sí y yo quiero llorarle, y lo he llorado desde ayer por la tarde.
Como he llorado y perdonado a mi abuelito, un hombre agresivo y alcohólico. Con el amor que recuerdo a mi otro abuelito el Corso, quien cruzó el mar para casarse con mi abuelita, una niña de 14 años.
Como perdono y amo a mis amigos, compas de política, a mi hijo, a mi padre y sus machismos cotidianos … y sus esfuerzos por superarlo. Cómo me perdono yo. Tal cual. Amor romántico poco, amor humano todo.
¡Ay! los aires de liquidez moralista. ¡Ay! el orgasmo del gol. ¡Ay! la tristeza y la furia.
Maradona un D10S, así con números, en la imperfección y en la humanidad. Un niño pobre moreno, de color más bien marrón, en la Argentina blanca y rica. Todos en la calle sois uno más, así en plural, porque todos sois machistas… a pesar de los esfuerzos por cambiar, que al final es lo grandioso. Mas allá es todo un sistema en que nos movemos y al que nos enfrentamos.
La lucha es apenas por acercarse a ser congruentes con nuestra propia humanidad y yo, una feminista incongruente derramando lágrimas de congruencia y llorando la efímera mera y eterna existencia de un D10S.

Madrid, 26 de noviembre de otoño y tristeza 2020

Alexis, gracias por la complicidad, siempre

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