CR. ¿Y la rebelión en la granja? Juan Félix Castro Soto

Cada vez que los ánimos se caldean porque los granjeros dejan sin comer a las gallinas los vientos de rebelión comienzan a soplar en la granja, y cada vez que esto sucede los granjeros llaman a sus gallinas para negociar las cantidades de maíz con que las van a alimentar. Exigiendo, eso sí, que no dejen de poner el huevo todos los días.

Pero ocurre que generalmente a las mesas de diálogo se acercan las gallinas que de por sí ya tienen garantizada su ración de maíz. Las que no, ni pueden ni serían admitidas. Una vez concluida la negociación algunas gallinas salen satisfechas, otras en cambio, levantan la bandera de la rebelión. Sin embargo, la mayoría de las que componen el patio sabían, o intuían, que de la mesa de diálogo no podían esperar ningún resultado favorable. Claro está, aunque los granjeros anunciaran con bombos y platillos el éxito fabuloso de los encuentros celebrados.

Pero con el tiempo las gallinas que no se sintieron representadas comienzan a entender que no cuentan con ningún liderazgo que vele por sus intereses. Traicionadas por los granjeros y por las gallinas que participaron de las mesas de diálogo, el corral solo podrá sobrevivir si dialogan entre ellas para crear liderazgos colectivos, espontáneos, independientes y no oficializados.

Mientras tanto, no habrá ninguna rebelión en la granja.

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