CR. Las cogidas de café. Roy Rivera

No se porqué hay gente que ve las cogidas de café como algo degradante, , siempre se ha usado la expresión ” vaya a coger cafe” de una forma despectiva, peyorativa. Ahora que estamos en tiempos de crisis, la cogidas de café aparece como un alternativa para poder hacerse de uno “cinquitos” así paliar de alguna manera la situación financiera. Históricamente, las cogidas del café siempre han sido en muchos pueblos la oportunidad de adquirir dinero para solventar las necesidades básicas. Con el dinero de las cogidas, se compra el estreno de diciembre, los uniformes de los chiquillos y se paga la cuenta del comisariato.
La experiencia de coger café es única, llegar temprano al cafetal, arropado porque a esas horas el sol apenas se está estirando, y el rocío de la noche mantiene bañado el cafeto. Ajustarse el canasto, ahora es un lujo tener canasto, pedir “calle” y empezar a rodear cada mata para ir desgranando cada una de sus bandolas, acomodar el cuerpo cuando el terreno es irregular, escuchar el crujir de la hojarasca, sentir el zumbido de los mosquitos y las avispas. Los dedos barnizados con la miel del grano de oro.
El astro rey toma posición en lo alto, y poco a poco torna rojizas las mejillas de los recolectores, mientras se silba una canción o se llena de pensamientos la mente conforme se van deslizando las manos y moviendo los dedos cual si fuera un pianista, sacando las mejores melodías, sacando los granos maduros. Un “zarandeo” al canasto para sacar las hojas que han caído dentro, y luego continuar en la recolecta hasta llenar por completo el canasto. Una vez lleno se lleva la carguita a un saco para luego volver a la calle a empezar a llenar el canasto de nuevo.
Al acercase del mediodía el encargado del cafetal, anuncia la hora de almuerzo. Se busca una sombra y se extiende un saco, para sentarse, de una alforja o “quello” se saca una taza envuelta en un trapo o pañuelo, se le quita el nudo, se destapa y aparece el “gallito” arroz, frijoles, torta de huevo, un barbudo y un pequeña porción de macarrones achiotados con un par de tortillas. En una botella sellada por una tuza de elote, a temperatura ambiente se destila un fresco de agua con avena. El silencio permite escuchar el trinar de los pájaros, el silbido de la brisa del viento, y en el firmamento celeste una manada de nubes blancas se contornean formando figuras de todos tamaños
Después del almuercito, se reanuda la faena, hay que seguir recolectando el café, se termina una “calle” y se pide otra, y así se va adentrando la tarde, hasta que el encargado grita parar porque es tiempo de medir. Poco a poco, cada uno de los recolectores se acercan con sus sacos para ser “medidos”. Se vierte el café sobre una medida de cajuela, luego se anota la cantidad recolectada, se entrega una ficha o se anota en una libreta para luego ser cambiado por el pago.
Ha concluido la faena del día, las manos negras enmieladas de café, las mejillas rosadas, la frente sudada, y la satisfacción de haberse ganado el sustento de la forma mas orgullosa y honrada.

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