CR. La feria. Leda García Pérez

Y el olvido detrás de los cuchillos, listo para vengarse de la buena memoria.

Un diez de manteca, jabón de chancho,
una taza de arroz sin granza, un cinco de jalea y una manita’e pan bien tostadito. Repita pa que no se le olvide, y uno repetía como loro la lista interminable del mandado.
Pida la feria mamita y salíamos como alma que lleva aquél, en busca del confitón que el pulpero nos daría por la compra.
En los barrios de entonces éramos los güilas quienes nos peleábamos el turno de ir a la pulpe, porque…jugábamos con “la barra”, nos daban el regalo post compra (feria) y estudiábamos menos.
La fajeada, bien ganada por la tardanza, carecía de importancia.

En mi barrio vacilo al panadero cuando pregunto, diay, y la feria? Ríe y mete de buena gana en mi bolsa, un suspiro, una quesadilla o un tostel, pero en blanco no me voy.
Él goza recordando que también pidió la feria.

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