CR. Yo conozco de milagros. Claudio Enrique Monge Pereira

PRIMERO

Tengo un Amigo…un Hermano por elección. A él lo quieren todas las personas que lo llegan a conocer. Como yo, es oriundo del Sur pobre de San José y no nos avergonzamos por nada; somos del Sur y nunca salimos corriendo de esos barrios ni los negamos nunca como algunas personas que buscaron cambiar su pedigrí.
Me reservaré su nombre real, porque si bien algunas veces le dije que cuando me dieran las ganas, escribiría algunas de sus vivencias maravillosas. Pero en esta que deseo compartirles no lo haré aún porque realmente es mi vivencia con él en una situación de vida o muerte. Sí, es mi historia. Desde mis años escolares me encanta relatar cosas, y mi memoria es de paquidermo. Allá en mi Viejo Barrio, con los otros chiquillos de mi Alameda nos sentábamos en la franja de zona verde, costado Oeste de la casa de la bella Marlen. Recostados a la pared me escuchaban siempre con atención y me encajaron un apodo. Me decían “El Historiador”. Pues entonces reafirmo que sólo diré lo que me sucedió con mi Hermano por elección, cuando él se estaba muriendo y los Médicos así lo afirmaban. Es mi historia personal.

SEGUNDO

Me llamó su esposa a la Universidad, entonces ni pensar siquiera en la futura existencia de los teléfonos móviles. Con suma tristeza me dice que él se está muriendo; que está grave. De inmediato bajo a la oficina de un compañero biólogo que siempre usaba gabacha blanca como atuendo laboral; gabacha impecable con logo oficial de la institución. Se extrañó cuando le pedí prestado su atuendo de científico pero si me dio una más pulcra que un armiño casero. Yo conocía por viejas experiencias las dificultades para ingresar a los hospitales sin una Tarjeta especial y con un horario rígido. Este querido Biólogo falleció hace unos meses, y como a tantos amigos que han partido en estos pandémicos meses, no lo pude cargar hasta su última morada.

TERCERO

Al saludar al Oficial de Seguridad en la puerta del Hospital su respuesta fue ipso facto: “Pase usted Doctor…” y yo, tus tus para adentro embutido en gabacha ajena. Llegando al piso indicado me encontré con la esposa y las hijas de mi Amigo. Lloramos todos, y armándome de valor pasé a encontrarme con ese hermano con el cual he tenido tantas vivencias dignas de una buena pluma. No pude retener el llanto al verlo postrado, cubierto de mangueras y toda clase de aparatos. Un tubo grande atravesaba su garganta porque sin la traqueotomía no respiraría. Tuvo la explosión de un aneurisma fatal y todos sus exámenes mostraban el grave daño cerebral que sufrió. Salí destrozado del saloncito en donde él estaba luchando con la muerte. Otros dos pacientes estaban ahí pero en mejor estado. Despidiéndome de su familia les dije que regresaría al día siguiente.

CUARTO

Volví efectivamente al otro día y subí rápido por las gradas hasta el cuarto piso, luego de responder al respetuoso saludo de “buenos días Doctor, pase Usted…” con reverencia incorporada del Guarda. No había nadie con mi Amigo porque no era hora de la visita. Me asomo al saloncito y veo a mi amiguito sólo ahí luchando, su pecho se agitaba como tormenta y con enormes dificultades casi que convulsionaba. Sudaba a cántaros. Le tomé su mano derecha con las mías y se la apretaba. Miré alrededor para corroborar si había alguien del personal médico ahí y no vi a nadie. Apreté más fuerte la mano de mi Hermanito y tragando mocos suspiré.

QUINTO

Me criaron cristiano católico. Mi familia siempre fue y es de pensamiento revolucionario militante. Yo no practicaba la religión. Cuando debía solidariamente acompañar a los templos a conocidos por causas diversas, me quedaba afuera. Nadie me hacía entrar. Estaba enojado con las Jerarquías y los rasos porque de acuerdo con mis criterios no eran coherentes con el Evangelio de la Justicia. Nunca fui ateo: lo intenté pero no pude lograrlo. Discutía con Dios y reclamaba acción, algo así como el Cristo de los Gitanos desenclavado de su Cruz. Con su mano asida con las mías, miré de reojo alrededor para cerciorarme que nadie me miraba ni me escucharía porque me daba pena que así fuera. Ya seguro que no había nadie más ahí le dije a mi amigo agonizante: “Mi hermano…soy yo Claudio. Te amo mi hermano. No se muera porque este mundo sin vos será más feo. Tenemos que seguir repintándolo. Si me estás escuchando apretá mi mano por favor. Y yo sentí cómo su mano se movió y abrazó mis dedos. Miré de nuevo el entorno y como nadie me escuchaba según yo, dije: “¡Señor, Dios mío, Padre Celestial…Señor del Gran Cielo Azul: usted lo conoce a él, usted lo hizo, él es su Creación. Usted sabe que es un buen Ser Humano y que sin él este mundo es más feo. Usted también sabe que es rebelde y muy quitado con la iglesia y con el Credo; sánelo Señor por favor y yo le prometo que me dedicaré a Evangelizarlo. Lo prometo Padre Celestial…!” Y en eso escucho una voz detrás mío que me dice: “¡Háblele más duro a su hermano…eso es muy bueno para él…” Mientras yo estaba en mi lucha una Enfermera había entrado y respetuosamente ni chistaba al encontrarme en lo que yo estaba haciendo.

SEXTO

Salí y me carboneaba yo mismo diciéndome que tenía que cumplir mi promesa; y que me había metido en camisa de once varas. Al día siguiente decidieron que le quitarían todos los aparatos porque ya durante varios días su situación empeoraba y no había chance. Lo desconectaron y siguió respirando solito. Lo llevaron a la RM y el TAC y los resultados mostraban que su cerebro estaba limpio; y los Médicos no se explicaban qué había sucedido. Ese mismo día un familiar me avisó que lo trasladarían para el CENARE a rehabilitación física. De inmediato sentí un escalofrío hasta por los cabellos pensando en mi promesa y cómo la podía cumplir. Sudaba a chorros.

SÉPTIMO

Con mi hermano Juan de Dios, que carga las secuelas de la polio fuimos al CENARE. Le pedí que me acompañara porque también es Amigo del “Profesor Milagro”, y porque en esa Grandiosa Institución todo el mundo lo conoce y con él nos dejarían pasar a ver al personaje de esta historia real. Estaba solito en un enorme Salón. Al abrazarlo lloramos los tres. No me soltaba y hasta me cobijo con su frazada. Al rato él sollozando nos contó lo que le sucedió mientras estuvo en agonía. Nos dijo: “¡Lo vi…lo vi…!”
Y su llanto le impedía seguir relatando; además de que estaba débil y tenía alguna dificultades para hablar corrido. Pero mi hermano y yo comprendimos a QUIÉN él vio..,con quién se encontró durante su agonía…

DIGO

Dos días después de que lo trasladaron al CENARE, el Hospital en el que estuvo más allá que aquí, sufrió un fatal incendio. Se quemó el Sector en dónde él estuvo internado agonizando e inmovilizado. Fallecieron varios pacientes; tragedia que nuestro país lloró.
Mi Amigo después me evangelizaba a mí, y yo no tuve que esforzarme mucho para cumplir con la promesa. Promesa que fue otra de esas maravillosas Cátedras que el Maestro de Maestros le ha dado a este Santo Tomás que convive conmigo y con el cual discuto, pero que siempre terminamos caminando abrazados como Dos buenos Hermanos; hijos del mismo Dios y Padre que yo amo.

ClaMo
San Isidro de Heredia.
2/11/2020

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