CR. El síndrome de doña Florinda. Daniel Ruiz

Cuando en 1973 Gómez Bolaños (Chespirito) creó la serie humorística “El Chavo” no imaginó que el personaje de “Doña Florinda” iba a dar pie a uno de los tres síndromes que infectan al pueblo trabajador de America Latina. Y porqué no, en el mundo entero: El sídrome de Doña Florinda, acuñado por Rafael Ton.

Los doña Florindas (o don Florindo) son las personas pobres que odian o desprecian a sus pares, es decir, a sus vecinos, gente de su clase social. Los doña Florinda no son de clase media ni nada, son pobres. Algunos viven en barrios de clase media para creerse lo que no son. Todos en la vecindad del Chavo del ocho eran pobres porque todos ellos eran dueños de nada; no tenían casa propia y debían pagar mes a mes el derecho a un techo a su obeso recaudador llamado señor Barriga.

Doña Florinda era tan pobre como todos, excepto por una pensión que le dejó don Federico (el papá de su hijo Quico) un marino mercante que se perdió en alta mar. Con esa pensión pagaba la renta y mantenía muy limpio y elegante a su consentido Quico en su traje de marinerito, además de comprarle todos los juguetes y caramelos que a Quico se le antojaban, mientras lo miraba el Chavo… siempre con hambre.

Como detestaba a sus vecinos, doña Florinda andaba siempre enojada con una mueca en el rostro, y constante desprecio. Sólo sonreía cuando aparecía el profesor Jirafales, con un humilde ramo de rosas. “El maestro longaniza” también era pobre, cobraba el salario mensual de un profesor de la educación pública. Como odian a los de su clase los ‘doña Florinda” votan siempre a la derecha… A los intereses de la derecha. Maldicen cuando escuchan las palabras “socialismo” o “populismo”, mientras le hechan más agua a la olla para hacer rendir la sopa. Repiten como loritos “no queremos ser Venezuela” como si vivieran en Manhattan o en el Principado de Mónaco. Y no se juntan con la chúsma aunque doña Florinda colgaba sus calzones en el mismo patio donde don Ramón colgaba sus calzoncillos.
Los tres síndromes que infectan la clase obrera y trabajadora son:

  • El síndrome del Tío Tom.
  • El síndrome de doña Florinda; y,
  • El síndrome de Stephen Candie (el peor de todos)
    Demasiados síndromes están enquistados en la clase trabajadora para suerte de los ricos y poderosos y para desgracia de tantos niños con hambre y sin futuro como se cuenta en la serie “el Chavo del ocho”.

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