CR. Se rompió la camisa. Luis Paulino Vargas Solís

La democracia costarricense hoy es como un estañón al cual se le echa agua desde un tubo. Al cabo de cierto tiempo termina llenándose por completo y rebalsándose. O como una persona que, por alguna razón, engordó mucho, de modo que la camisa o blusa que ayer le quedaba bien, hoy se descose y se rasga al ponérsela.

O sea, la realidad de la sociedad costarricense del siglo XXI ha sobrepasado ampliamente, la capacidad de la institucionalidad democrática vigente, para contenerla y representarla. Entre manos tenemos un complejo síndrome de problemas: algunos instalados al interior de la propia institucionalidad pública. Los principales, sin embargo, están enraizados en un modelo de desarrollo que excluye, margina y genera frustración y angustia. .

Claramente hay un problema de representatividad: mucha gente no se siente parte de la democracia costarricense, ni se siente representada por ésta.

Es el triste y peligroso resultado, tras 36 años de vigencia de una estrategia o proyecto de desarrollo que ha generado enormes fracturas y desencuentros, agudizados fuertemente durante los últimos once años.

Eso, me parece, marca una diferencia con la Costa Rica que emergió de la crisis económica de 1980-82, que, aunque doliente y golpeada, sin embargo mantenía intacta su esperanza en el futuro.

Al cabo de 35 años, el proyecto económico vigente nos entrega una Costa Rica atrapada en la desesperanza y desgarrada por las divisiones.

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