CR-Anécdotas en la Dos Pinos. “El vidrio”. Mario Díaz Corrales

A la edad de 16 años en mil novecientos setenta y cuatro se me metió en la cabeza que quería trabajar, cuando le dije a mi mamá casi le da un infarto, ¿abandonar el colegio? Ni se le ocurra, pero no sé cómo me las ingeniaba yo para salirme con la mía y después de prometerle que estudiaría de noche, me sacaron el permiso de trabajo en el Patronato Nacional de la Infancia hoy conocido como el PANI.
Entonces aprovechándome de los amigos, recuerdan a Eduardo Guzmán, el hijo de doña Tina, mi abuelita; resulta que él trabajaba en la Dos Pinos, una empresa lechera muy conocida en Costa Rica, él me consiguió una solicitud de trabajo, la llené y me fui a entregarla, a mi lado estaba otro chiquillo en las mismas y nos dice el señor de la oficina de personal, bueno muchachos están con suerte, estamos necesitando dos misceláneos, a mi me dijo: usted vaya para que lo entrevisten en la Gerencia General, pregunte por don Miguel Regueira (qddg) y al otro que estaba conmigo le dijo: usted vaya a la Auditoria y ahí pregunte por don Orontes Fonseca, así salimos los dos a probar suerte.
Llegué a la Gerencia y pregunté por don Miguel, la persona que me tenía que entrevistar y me dice, usted conoce San José, si claro, le dije sin dudarlo, “se acuerdan que yo desde muy chiquillo andaba de pata caliente”, ah! Otra cosa ¿tiene bicicleta?, porque ese es un requisito, me quedé un rato en blanco y eh, sí, sí, le dije, sí tengo, pero realmente lo que estaba diciéndole era: si tengo que comprar una, entonces como ya era viernes me dice don Miguel: venga el lunes tempranito a las seis, una pregunta ¿cómo cuánto voy a ganar? Me miró y me dijo: quinientos cuarenta y ocho colones por mes, de verdad le dije emocionado, entonces el lunes nos vemos en la mañanita.
Siempre recuerdo que don Orontes (el Auditor) vacilaba, contando el día que llegó “Chiripa”, el chiquillo que estaba a la par mía, pidiendo trabajo, y decía: “Como le iba a decir que no, si él mismo se dio el trabajo, primero se paró frente al mostrador y sólo la cabeza se le veía y a viva voz preguntó: ¿Quién es Horizontes Fonseca? Ahí mismo lo corrigieron, no se llama horizontes se llama Orontes y es aquel señor que está sentado atrás, camino hasta mi escritorio y me dijo: Yo soy el nuevo misceláneo, dígame que tengo que hacer, porque ya entre”.
Ya en mi casa me preguntan: cómo le fue, bien ya tengo trabajo entro el lunes a las seis de la mañana, y tengo que llevar una bicicleta, pero de dónde la vamos a sacar si usted no tiene, yo no sé, pero tengo que llevar una y entonces me fui con mi Papá a un ciclo que había en el barrio y compramos una a pagos, ¿nueva? no que va, una usada, imagínese con un poco de soldadura en el marco, veinticinco colones cuesta se la lleva me dijo el vendedor; si con ésta me la juego por mientras, le dije a mi papá y póngale a practicar porque medio sabía yo manejar y tenía que irme desde Paso Ancho hasta Barrio Luján, ¡qué miedo!, a como pude llegue y adivinen qué, me mandaron el primer día en bicicleta a San José.
En la Dos Pinos habíamos como diez o quince misceláneos, cada departamento tenia uno, algunos de los que recuerdo más por su apodo que por su nombre son: Cacho, Frijol, Chiripa (el que entró conmigo), Maquipe (qddg), Tino, entre otros y como teníamos dos horas de almuerzo nos juntábamos para vacilar, un día nos fuimos a conocer la planta nueva, la que estaban construyendo “La Planta Tetra Brick” a la que también le llamaban “La Planta de Ultra pasteurización” era enorme, con la última tecnología, entre nosotros se comentaba: que si, mae, dicen que la leche no va a necesitar refrigeración, no sea bateador cómo van a hacer eso, con unas maquinas especiales que mandaron a traer y además la planta es aséptica y ¿qué es eso? Que es esterilizada, vamos a verla, de seguro no nos dejan entrar, entonces nos metemos por detrás.
Y entramos, no había nadie trabajando, al parecer sólo estaban esperando a que llegaran las máquinas que venían del exterior, pero ya la planta estaba lista, admirados nos quedamos contemplando aquellos ventanales gigantes, como nunca antes habíamos visto, cinco, diez metros de alto, no sé, recuerdo que también había una especie de banda eléctrica de las que se usan para enviar productos de un lado a otro y como tequiosos que éramos subimos a Frijol en la banda, alguno de todos apretó el botón de encendido y asustado como vaca que va para el matadero pegó un brinco Frijol que cayó encima de nosotros, dando tumbos nos fuimos para atrás, para atrás y contra aquel enorme vidrio que cedió, no aguantó, se quebró y como era de seguridad se hizo pedacitos, como cuando se quiebra la ventana de un carro, era tan alto que aquello sonaba como de espanto y corran, corran gritaba uno por aquí, salgamos por allá, pero que va en cuestión de segundos ya nos tenían atrapados.
Nos llevaron a la oficina del Gerente de Producción: don Richard Cubero, quien con una cara de preocupación y casi llorando nos decía: ¡ay muchachos! cómo se jalaron esa torta, ahora qué le digo a don Álvaro (Gerente General) ay que torta muchachos, en eso le dice uno de los misceláneos, vea don Richard no se preocupe nosotros pagamos el daño, ¡ay muchachos! ni con todo el salario de un año, no les alcanza si esos vidrios los trajimos de Europa, qué torta, quién le quiere ver la cara a don Álvaro.
Pues sí, me dije yo, hasta aquí me llegó el trabajo y después de una buena regañada, y andar un buen tiempo como perrito arrepentido con el rabo entre las patas, me quedé esperando que me llegara la carta de despido, o a que me rebajaran la parte que me tocaba y para mi sorpresa, trabaje en esa empresa, alrededor de veinte años más y hasta donde me acuerdo también todos los demás, agradezco a la Cooperativa que tomaran el asunto como una travesura y nos dieran la oportunidad de seguir laborando y superándonos, con una lección de vida aprendida.
Sigue………

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