CR. Hipótesis sobre el país quebrado. David Díaz-Arias

El modelo de país turístico venía mostrando sus debilidades desde hace tiempo: las zonas dejadas a los grandes hoteles crearon un modelo anti-nacional, en el sentido en que condenaron a toda la región costera del país a depender de esa economía.

Pero, todavía más, la dependencia hizo que la fuerza del Estado en esos lugares fuera cada vez menor: los conflictos con los hoteles que se creen dueños del agua, la naturaleza y las playas se dirimieron en contra de los ciudadanos y a favor de esos conglomerados de capital extranjero.

Generaciones de jóvenes fueron “condenadas” a ser meseros, limpiar piscinas, regar el césped de los campos de golf, tender camas, etc. El sueño de movilidad social socialdemócrata, base de cierta paz social, se fue al caño.

A la vez, el narco tomó el espacio de ese sueño de movilidad.

Los que recogieron en ese campo de exclusión fueron pastores e iglesias neopentecostales y las bandas criminales.

La cosecha la tenemos ahí: en los bloqueos, en la violencia, en la visión de la institucionalidad estatal como enemiga.

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