CR. ¿Atisbos de desenlace? Juan Félix Castro Soto

La última elección impulsada por el el espíritu democrático fue la que propició el Tratado de Libre Comercio. La manipulación de las circunstancias para evitar el triunfo de la mayoría terminó con el ciclo histórico que le otorgaba validez a la vía electoral. En adelante el voto terminaría perdiendo el rasgo democrático que lo caracterizaba, mientras la recepción del mismo se sigue llevando a cabo solo debido a la fuerza de la costumbre y a la propaganda que lo sostiene.

En todo caso el desmantelamiento del espíritu democrático ya se venía fraguando con la reducción de la democracia al ejercicio único del voto. Aprendimos una suerte de execepticismo más no menos latente, vestido, eso sí, con el atuendo de la indiferencia o del discurso excento de compromiso.

Pero no es posible ninguna democracia no creíble. Tal cosa propicia el arribo de la indiferencia ciudadana hacía la reflexión política, acontecimiento del que se valen los oportunistas que ostentan poder. Despojada del filtro de la razón la vía electoral se convirtió en vehículo de posibilidades para los extremistas del mercado y los fanáticos políticos y religiosos.

El Ejecutivo y el Legislativo comienzan a figurar como nichos de recepción de la peor lacra política: analfabetos, incompetentes y corruptos. Dichos poderes se sirven y corrompen al Poder Judicial.

La población huérfana parece adoptar una consigna lapidaria: “lo que no es nuestro no es de nadie”, y el nihilismo se apodera del territorio. Al paso de las administraciones lo más visible de cada legado son las consecuencias de la corrupción. En la fascinación de la toma del poder la izquierda “líquida” (S.Bauman), léase FA, se empodera motivada por un brote de esperanza, pero sucumbe en su individualismo narcisista. Y ya no queda nada.

Mientras la administración de Carlos Alvarado se desgrana aparece el Covid, la posibilidad de contagio se instrumentaliza, al principio gana alguna credibilidad, esta impulsada por sectores de estabilidad económica, pero la realidad le hace un guiño a la población: el afuera contiene el sentido de la vida y el mismo reside en el mercado, en casa nadie sobrevive.

Cuánto más se engaña más crece el nihilismo y la desesperanza, hasta alcanzar la cúspide de la indiferencia que es la indiferencia suicida.

Entre tanto, ya habían impuesto el paquete fiscal decorado con promesas de soluciones permanentes, pero el neoliberalismo es insaciable. Nunca se preocuparon de poner en marcha iniciativas comunitarias, tampoco se impulsó el desarrollo local como medida prioritaria, en vez de eso recurrentemente se protege a los ricos y a los grandes empresarios.

Lo que inicia hoy es un movimiento de poca cohesión, de escasa estrategia y carente de objetivos compartidos, no por ello innecesario, no por ello descartable, mucho menos injustificable. Creo yo es la manifestación del comienzo del derrumbe de los cimientos republicanos. Puede ser la vía a la construcción de un Estado autoritario, o el camino a hacia la restitución democrática. En el camino los pueblos edifican su historia, la de su esclavitud o la de su libertad.

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