CR-Historia No Descubierta. “Oí Manuel… cayó otro limón…” Claudio Enrique Monge Pereira

DON MANUEL MORA VALVERDE

UNO

Siendo yo un güila lo conocí. Aquel día lo escuché por primera vez y me enamoré de su pasión. Fue en el Centro Obrero de Estudios Sociales y mi Papá estaba a mi lado. Él
no se perdía las charlas de los lunes. Tenía entonces este mocoso 12 años y apenas terminaba la Escuela Primaria. Salí de ese salón encendido, y esa brasa que ardió aquel día, se mantiene viva y como una chispa perenne. Mi Viejo jamás nos dijo qué caminos tomar ni en política, ni en religión ni en futbol. Sus enseñanzas siempre estuvieron relacionadas con el buen vivir apegado a los más limpios valores. Las veces que lo acompañé al Centro Obrero lo hice porque me fascinaba escuchar aquellos discursos que quemaban hasta leña mojada si fuera del caso. Cuando me autoafilié a la Juventud Socialista ya cursaba mi primer año de la Secundaria. Y me entregué con toda pasión a trabajar por un cambio real para mejorar la vida de los Marginados. Venir y regresar a pata desde La Ciudadela El BOSQUE, en San Sebastián hasta el Barrio Los Ángeles y hasta La Dolorosa, lloviera o tronara, de día o de noche; era absolutamente normal. Confieso que para mí, ver y saludar a Don Manuel era algo maravilloso.

DOS

Crecí y pasaron los años. Concluí el Colegio y fui becado para viajar a la URRS a cursar mis estudios universitarios. Era yo aún menor de edad y ya iba en un avión recorriendo países hasta llegar a Moscú. Entonces se viajaba ilegalmente, y en mi pasaporte se indicaba bien marcado en una página completa, la invalidez del mismo para viajar “a los países detrás de la cortina de hierro”; muro que nunca vi por más que lo busqué durante siete años.

TRES

Aprendí la lengua rusa en la Universidad Agrícola de Krasnodar, ciudad aledaña al Mar Negro donde viví un año. Regresé a Moscú y fui enviado a Ucrania, ciudad de Kiev, Universidad Estatal “Tarás Shevchenko”. Tuve que aprender bastante de la lengua ucraniana para desenvolverme mucho mejor en las calles. Los cursos universitarios si eran impartidos en ruso. Los ucranianos son muy nacionalistas y por eso yo prefería tratarme en su lengua fuera del ámbito académico; principalmente en mis aventuras juveniles por aquí y por allá; y con Galia primero y luego con Natasha, mis primeras novias soviéticas. De Natasha guardo una fotografía en sepia; de Galia guardo toda su imagen y presencia en mi corazón.

CUATRO

Dos años en Kiev y me trasladé para Moscú, la gran Capital de la política mundial y el blanco de la Guerra Fría; ahí a seguir mis estudios en la Universidad Pedagógica, institución más que centenaria y en la cual se formaban ya los cuadros del Magisterio para el régimen zarista. Fue mi tercera etapa de vida en la URSS: Teatro Bolshoi, la ópera, el ballet; Maya Plisevskaya, Vladimir Buisovdki, Bibliotecas grandiosas, librerías maravillosas, Catedrales, la Plaza Roja y miles de aventuras de toda índole. Estudios muy duros y grandes esfuerzos. Parece que soy el único extranjero entre miles de estudiantes que se dio el lujo de estudiar en tres Universidades y en tres ciudades muy importantes. ¿Por qué? Por méritos propios y por mi rendimiento académico que fue de 100 corrido durante los siete años. Eso me dio el privilegio mencionado.

CINCO

Cuando llegaban a Moscú dirigentes del Vanguardia Popular o de la Juventud Vanguardista se corría la voz. Para mí esto no pasaba desapercibido. Especialmente cuando se trataba de mi cuñado Lenin Chacón y Don Manuel Mora. En Rusia el hecho de ser un estudiante sobresaliente, en lengua rusa, un “pitiozhnik” (пятёжник), es como tener un pasaporte de privilegio para muchas cosas. Por esa circunstancia yo podía ingresar campantemente al llamado “Hotel del Partido” (PCUS) cuando por ahí se encontraban Don Manuel o su hermano Don Eduardo. Puedo decir que fue ahí en donde se inició mi entrañable amistad con el Fundador del Partido Comunista de Costa Rica y bastión fundamental de nuestras Garantías Sociales. Yo lo respetaba muchísimo y lo admiraba, y en aquellos encuentros mi amor por él se fortaleció y se mantiene hasta hoy. Me dedicaba largos ratos de tertulia que abarcaban temas diversos; entre ellos la vida de los estudiantes ticos en la Unión Soviética. Me invitaba a almorzar o a cenar con él en el restaurante del Hotel y aquello era mi fiesta. Ahí conocí a líderes muy importantes de América Latina y de Europa.

SEIS

Durante una de sus giras de trabajo, con Don Manuel viajó su hija Isabel por asuntos de seguridad para ella porque muchas veces recibían amenazas y ella corría peligros aquí en Costa Rica. Como la agenda del Líder, reconocido mundialmente por el Movimiento revolucionario, era apretada y de altura, Don Manuel me solicitó que yo acompañará a Isabelita a diferentes actividades recreativas y artísticas; circo, teatro y caminatas por Moscú. Por la noche, luego de cenar en el Hotel, nos reuníamos en la habitación y la tertulia con “el Viejo” era una exquisitez histórica. En una ocasión Don Manuel me dijo que él sabía que yo escribía Poesía y preguntó si llevaba en mi maletín de estudiante algún material. Saqué un cuaderno y se lo mostré. Lo hojeó y dijo: “Voy a leer…” y leyó con esa voz maravillosa que embelesaba y lo atrapaba a uno. Y relato esto porque ya podrán imaginarse cómo me sentía yo, un muchacho de 20 años, escuchando a ese Ser Humano extraordinario leyendo en voz alta y con acento poético, poemas escritos en aquellos inviernos rusos o en mis veranos en el Mar Negro.

SIETE

Mi Padre fue fundador de la primera célula del PC en nuestro cantón, Grecia, y con otros compañeros organizó el primer mitin ahí que contó con la participación de Don Manuel y de Carmen Lyra. Fue en 1933 enfrente del Mercado griego. A mí me encantaba escuchar a mi Viejo contando su riquísima vida, y me aprendía de memoria hasta los más ínfimos detalles de sus relatos. Cuando aquel primer mitin de fundación pública del Partido estaba ya avanzado y hablaba Don Manuel de cierre, cayó un rayo y mató unos zopilotes que estaban en el techo. Entonces Manuel dijo con la vehemencia y el garbo de maravilloso Orador que poseía: “…y Camaradas, así como ese rayo acabó fulminando la vida de esos zopilotes, así la Revolución acabará para siempre con la explotación y la miseria y este sistema de injusticias desaparecerá para siempre…” Y se bajó de la tribuna entre los frenéticos aplausos del pueblo griego reunido ahí. Yo me sabía esa anécdota de memoria, y aquel día en Moscú le dije a Don Manuel que mi Tata nos contaba ese episodio y se lo relaté. Se sonrió y me reafirmó esa historia, y agregó: “Y yo no sabía cómo cerrar mi discurso y seguía hablando, y al caer el rayo se me ocurrió el asunto de los zopilotes fulminados.” Y luego se quedó pensativo y dijo: “Eran tres los que se quemaron!”

OCHO

Regresé a Costa Rica en Julio de 1977 y lo primero que hice luego de llegar a mi casa, fue ir a San PEDRO a la casa de Don Manuel a mostrarle mi Título Universitario…Abrió la puerta Roque, Rodrigo Chacón Vargas, cuñado de mi hermana Ana Iris. Me abrazó y pasó adelante. Don Manuel vino a toparme y me pasó a la Sala. Se sentó en su sabroso y cómodo sillón colocado en una esquina y yo enfrente. Siempre tan afable y noble conmigo, me preguntó qué haría en adelante. Yo sabía que tenía que hacer dos trámites prioritariamente: llevar mi Título a la Cancillería de la Casa Amarilla y luego solicitar al Sistema de Estudios de Posgrado, SEP, de la UCR, el reconocimiento y equiparación de mis estudios. También necesitaría tres cartas de recomendación para esos menesteres. Aproveché y le solicité una carta de recomendación. Me dolió en el alma cuando don Manuel me dijo que era “probable” que una carta suya más bien me traería algún inconveniente; que me haría una para que yo se la llevara a tres personas a las que él les solicitaría ese favor para mí. Era increíble escuchar de boca de ese extraordinario patriota y prócer que alguien se atreviera a rechazar una recomendación firmada por él. Y pensé: ¡Pobre mi país! Después vino a colación que debía pagar una deuda mía de 20 dólares en la Cancillería que no pude cancelar en Rusia, Embajada de Costa Rica, porque para mí eso era imposible por “limpio”; bella expresión tica para decirle a uno pobre. Linda porque a muchos opulentos habría que decirles “sucios” por riquezas mal habidas. El Embajador allá era don Fernando Berrocal, el Cónsul don Milton Ruiz y el Secretario Álvaro Quesada; deferencia que tuvieron conmigo como consideración a mí “Título Rojo”, calidad que las autoridades soviéticas le daban a quien hubiese realizado sus estudios con un rendimiento académico del 100%. Hasta pusieron una botella de vino para brindar por eso y sellaron mi Título dándome fiado para que cancelara en Costa Rica.
El otro problema era que no había en mi casa ni el equivalente a esos 20 dólares ni los 3.000 colones que cobraba el SEP para tramitar mi solicitud y proceder a su estudio. Don Manuel y yo charlamos otro rato más y luego me acompañó hasta la puerta. Me “prestó” el dinero y me dio la carta que yo debía llevar a tres personas que sólo conocía por su renombre. En ella él hoy Benemérito de la Patria les solicitaba por su Amistad una recomendación para mí. Aquellas personas eran: Don Carlos Monge Alfaro, Don Hernán Garrón y Don Alfonso Carro. Los tres caballeros me brindaron su apoyo y recibí esos documentos que valoro tanto.

NUEVE

Al mes siguiente, agosto, fui contratado como Profesor interino de la UCR, en el recién fundado Centro de Docencia Universitaria; entidad académica encargada de dar la capacitación pedagógica a los docentes de la institución por acuerdo de su Tercer Congreso Universitario. Durante cuatro meses no recibí mi salario por asuntos burocráticos de la administración universitaria. Mi situación era calamitosa. Al iniciarse mi quinto mes de labores recibí mi acumulado salarial: 12. 000 colones…una fortuna.
Lo primero que hice luego de cambiar mi cheque en la vieja y recordada sucursal del Banco Anglo ubicado en la entrada de la calle de la “ Amargura”, fue a la casa de Don Manuel a cancelarle el préstamo que me había hecho. No lo aceptó. Más bien me paso adelante para almorzar con ellos en Familia: él, doña Ady, Isabelita y Roque. Un almuerzo humilde, típico de un hogar sin opulencia ni aspavientos. Al retirarme Don Manuel me dijo “esta es su casa”.

DIEZ

Muchas veces estuve en su casa, hogar cálido a donde llegaban “grandes y chiquitos”, entre ellos un Figueres. Don Manuel me recibía con una noble sonrisa siempre que yo llegaba. Como no quiero hacer interminable este resumen, deseo compartirles una de las anécdotas que me contó Don Manuel un día que me mostraba LAS MIL Y UNA NOCHES pertenecientes a Carmen Lyra. Las tuve en mis manos, las hojee y vi los apuntes que Chavela escribía en esos mismos libros; reflexiones, ideas y notas para luego utilizarlas en sus propias obras. Hablamos de Chavela, y Don Manuel no ocultaba su pasión y entusiasmo al hablarme de esta mujer fuera de serie.

ONCE

Me relató cuando ellos jóvenes se reunían en la casa de Carmen Lara, cerca de donde hoy se ubica el edificio del INS. Era una casa bonita con alguna tapia adornada con guardias moradas. Tenía un árbol de limones dulces, alguna de cuyas ramas casi colindaba con el techo del aposento en donde clandestinamente se reunían los camaradas a estudiar y organizar la lucha. De vez en cuando se escuchaba algún ruido en el techo y se quedaban en silencio y en ascuas pensando que era la gendarmería que llegaba a reprimirlos. Esperaban un rato, al cabo del cual, la Niña Chavela decía: “ ¡Sigamos…es que cayó un limón…!”

DOCE

Ya en México, en el exilio; expulsados de su propia patria y Chavela enferma; se realizaron gestiones para que el gobierno de facto le permitiera regresar a morir a Costa Rica. Ella, de acuerdo con su propia expresión, se sentía como una planta transplantada que ya no tiene fuerzas para retoñar y por eso se marchitaba. Ella empeoró, y cuando agonizaba Manuel estaba a su lado. La Niña Chavela agonizaba y Tío Coyote, y Tío Conejo…y la misma Tia Panchita estaban ahí a su lado para acompañarla en su regreso a la Patria antes de viajar al Cielo. Ella deliraba, me dijo Don Manuel…y no quería morir en tierra extraña, por más hospitalarios que hubiesen sido. De pronto Chavela, con sus ojitos cerrados y empapada en sudor dijo: “Oí Manuel…cayó otro limón…” y expiró mientras él la asía de su mano. Y Don Manuel me dijo, con algo de agüita en sus ojos: “Claudio…la camarada Chavela al morir no estaba en México, su corazón y su último pensamiento estaban en Costa Rica; en su casa…debajo del limonero.”

CIERRE POR AHORA

Cuando Don Manuel agonizaba en una salita del Hospital Calderón Guardia, yo acompañaba a Isabelita que lo cuidaba conmovedoramente. Yo la ayudaba a suministrarle algún alimento líquido y a cambiarlo de posiciones en su cama para que descansara mejor. En algunos momentos lo alzaba para que un enfermero realizara sus cuidados con más comodidad. Por mis mejillas se resbalaban algunas lágrimas de dolor porque presenciaba cómo este ser humano tan grandioso para nuestra Historia se apagaba. Y entonces en mi mente retumbaban aquellas palabras que él mismo me dijo: “Oí Manuel…cayó otro limón…”, y Manuel estaba en mi corazón. Y estará eternamente. Aquel día, yo sabía que Chavela estaba ahí esperándolo para llevarlo de su mano al Paraíso.

ClaMo
Toyopán, ZURQUÍ

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