CR. De jirafas y hoteles. Daniel Ruiz

Mi abuela solia decir en tono de burla: “¿Por qué salta, si el suelo está parejo?,” … No hace mucho el gringo pinche nos echaba a balazos de la finca donde se encuentra la catarata “El Salto” y en la que a menudo pasábamos las tardes calurosas del verano en el bosque tropical seco, aludiendo que le pertenecían y que ningún chancletúdo le iba a quitar ese derecho.
Lo de “gringo pinche” surge a partir del prontuario abierto que tiene el Sr. gringo, David Patey, quien en el pasado ha sido sindicado por sus oscuros negicios de lavado de dinero y del tristemente recordado “Cementazo”, un adjetivo de esa naturaleza no se lo gana nadie gratuitamente, además, para el mundo es un secreto a voces el que nuestro país ha sido (y es), refugio de maleantes norteamericanos que se evaden de las leyes y persecución policial, asentandose de manera subrepticia en paraisos del Caribe como el nuestro, donde no alcanza el “Largo brazo de la ley” (Remmember Robert Lee Vesco). Esos son los “Pinches gringos” de que se habla, pero claro… algunos trasnochados defensores de la “Libre empresa”, del “Laizes faire, laizes passer” pretenden que cualquier negocio se asiente en nuestro terruño, no importa cual sea su naturaleza, o si se trata de introducir especies extrañas en el fragil entorno ecologico de un sitio con tan alta diversidad natural… Mientras produzca es viable, ya en Colombia se vio el tremendo desastre que significó la introducción de leones e hipopótamos africanos que alegremente traía el narcotraficante Pablo Escobar, al punto de que aun hoy significa malas noticias para los ecosistemas de la zona… pero no importa, son iniciativa privada, negocios de capital norteamericano; Por eso y otras cosas es que destacamos los costarricenses; nos abrimos de piernas por unas piástras de más, por eso somos el pais con el mayor prostíbulo para turistas gringos de America Latina, porque produce puestos de trabajo… O porque además la corrupcion de nuestras autoridades es tal que con el poder del dólar son capaces de comprar conciencias sin importar lo que se defienda en terminos de prostitucion o ecología, a fin de cuentas quienes valoramos nuestra riqueza natural somos todos un atado de “chancletudos” y se nos puede pasar por alto. Al final, jamás se nos va a ver gastando un penique en el Hotel del Rey.

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