CR-Historia No Descubierta. 1860, fusilan a Mora, Arancibia y Cañas. Francisco Cordero-Gené

El 17 de septiembre de 1860 desembarcó JUAN RAFAEL MORA, acompañado por su hermano, el general José Joaquín, su cuñado, José María Cañas y su sobrino Manuel Argüello, en Puntarenas—; los moristas tomaron la ciudad y se apoderaron de una franja de terreno que llegaba hasta el río Barranca. El gobierno de Montealegre reaccionó rápidamente enviando una fuerza militar que derrotó a Mora en la batalla de La Angostura. Don Juanito buscó asilo donde su amigo el cónsul británico Richard Farrer —con don Ricardo, como se le conocía en Costa Rica—, con quien él había tenido negocios; así, le había vendido una hacienda cafetalera ubicada en Guadalupe y en 1854 su gobierno le había dado la concesión para construir y explotar una vía férrea entre San José y Puntarenas—, pero terminó entregándose.

Fue fusilado en el lugar denominado Los Jobos el 30 de septiembre de aquel año junto al general Ignacio Arancibia (un chileno que había partido hacia California en la época de la fiebre del oro, pero que se había quedado en Costa Rica, radicándose en Esparza y que se había distinguido en la guerra contra los filibusteros). Dos días después, ejecutaron también a Cañas. Sepultura de Mora. Un grupo de amigos —los cónsules británico, Farrer, y francés, Juan Bonnefil (Jean Jacques Bonnefil Hydemayra), los yernos de este, Santiago Costantine y Julio Rosat, más el capitán Francisco Roger— lograron que el cadáver no fuera arrojado a las aguas y le dieron sepultura el mismo día de su ejecución en el antiguo cementerio del estero en una fosa cavada por ellos mismos; dos días después enterraron también a Cañas. Casi seis años más tarde, el 20 de mayo de 1866, Bonnefil retorna al lugar junto con Constantine y cuatro marineros (Carlos Leonara, Enrique Ligoneff, Francisco Hervé y Guillermo Noubée) y exhuma los cadáveres, que mantiene brevemente en su residencia de Puntarenas para luego llevarlos su casa en San José, ubicada diagonal al Hospital San Juan de Dios, lugar en el que permanecen durante más de 20 años, hasta que el 13 de enero de 1885 son trasladados al Cementerio General de la capital costarricense.5​6​

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