CR. Mi homenaje a Alexander Obando Bolaños. Luis Paulino Vargas Solís

Recién el día de hoy, y con cinco días de atraso, me he enterado del fallecimiento del escritor costarricense Alexander Obando Bolaños. Yo, lector voraz y economista empedernido, diré lo que un aficionado enamorado de la literatura podría decir: con su “El más violento paraíso”, Alexander nos legó la que seguramente es la obra más importante de la literatura costarricense en muchas décadas. La más original, innovadora, atrevida, irreverente y transgresora.

Conocí a Alexander a través de Facebook, y por esa vía, y por varios años, mantuve con él frecuentes intercambios. Él, que desde hacía tiempo vivía con un hermano suyo en California, Estados Unidos, estuvo de visita en Costa Rica en 2014. Pude entonces conocerle personalmente: coordiné un conversatorio con él en la UNED, le invité a almorzar y toda una tarde, bañada en vino tinto, disfruté de su deliciosa conversación. Todavía tuve ocasión, antes de su regreso a Estados Unidos, de invitarlo a cenar. Él, al igual que yo, nacido en el 58, pero él 5 meses menor que yo.

Alexander era sencillo y humilde como un pedazo de pan, pero de una lucidez y una erudición esplendorosas.

Luego le perdí el rastro. No lo volví a encontrar en las redes, quizá porque sus problemas de salud lo llevaron a aislarse.

Al enterarme de su fallecimiento, y buscar información en las redes, me doy cuenta que la prensa costarricense, no ha dicho prácticamente nada. Una de la figuras cumbres de la literatura costarricense…y en Costa Rica nadie se entera.

La obra de Alexander no es abundante. Creo que se limita a dos novelas, un poemario y un libro de cuentos. Todos los leí, y ahora me propongo releerlos. Las últimas veces que conversé con él, hablaba de una tercera novela, pero siempre se lamentable de no poder lograr avanzar en su escritura al ritmo que él deseaba. Pero lo que deja es suficiente y sobrado. Sé que él hubiese deseado recibir los honores que se merecía en vida. Pero Costa Rica ha sido mezquina con él. Espero que el tiempo se encargue de darle el sitial que se merece.

Descansa, querido Alexander. Para vos el homenaje de mi admiración eterna, mi cariño de amigo, el respeto absoluto, y estos enormes lagrimones de adiós.

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