CR. Mis condolencias. Max Porras González

La noticia más impactante de la última semana, la que nos debe poner a reflexionar, a ser más solidarios y más empáticos.
No sé a quien dirigirlas, tal vez a una sociedad enferma, insensible pero sensiblera e impresionable.
Un anciano muere abandonado; un anciano que al final no se sabe si fue de Covid-19, de sus dolencias crónicas o de abandono.
Abandonado por todos, y además por un gobierno que le encanta el show, la alfombra roja, la pasarela.
Un anciano estuvo cinco días tirado, muerto, inerte, pudriendose, pero ya está sociedad lo había dejado podrirse en vida.
Eso cuentan los que lo encontraron que nadie debe vivir en esas condiciones.
Y aún más terrorífico es saber que otro anciano tuve que dormir al lado del cadáver sin que nadie lo escuchara y lo atendiera.
Claro, ese evento no ha sido tan impactante, porque no era un ser humano mediático, era solo un ser humano abandonado.

Mis condolencias a aquellos que los afectó más allá de los tres minutos de la noticia.

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