CR. La dulce abuelita. Luis Paulino Vargas Solís

Primero fue un video producido por una unidad de prensa de la UCR, donde se deslizaban algunas interrogantes sobre el currículum tributario de FIFCO (popularmente conocida como “la Cervecería”).

Luego vino la respuesta a ese video, donde la señora Sánchez Maroto, directora de Relaciones Corporativas de “la Cervecería”, así como un abogado de apellido Torrealba, salían en defensa del honor mancillado de tan impoluta corporación.

Sabedores de que ticos y ticas somos algo mensos, nos explicaban de forma sumamente didáctica que aquello es como una familia donde reina celestial armonía: FIFCO es la abuelita. Otras empresas hacen de mamá y papá: trabajan, ganan su dinerillo y pagan impuestos. Otras empresas más son los nenes de la casa: nietitos y nietitas que aún no ganan ni pagan impuestos. Obviamente la abuelita tampoco lo hace, justo porque es la abuelita, y pasa sus días remendando medias y chiniando al gato.

Claro, cualquiera se preguntaría como es que pasan los años, y los chacalines de la casa no crecen ni terminan la escuela para bretear y pagar impuestos. Yo les recomendaría tomar en ayunas, una cucharada de moringa disuelta en un vaso de leche de cabra.

Que viene entonces mi buen amigo, el Dr. Gerarndo Hernández, director de la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR, y se raja con varios escritos en Facebook bajo el muy provocativo título de “Los embustes de FIFCO”.

Visto el despliegue de rigor con que FIFCO se prodigó en su video, yo esperaba que la respuesta sería: “Los embustes de Gerardo Hérnández”, donde exhibirían a mi colega en paños menores.

Nada de eso. En vez de aclarar los presuntos embustes, le envian a Gerardo un correo electrónico a su cuenta de la UCR y con copia a su superior jerárquico y en términos abiertamente intimidatorios. Lo acusan de “difamación”, lo que desliza la amenaza de una posible demanda.

Gerardo –cabezón el muchacho– les contesta con un largo listado de interrogantes ¿será que ahora sí le contestan o reiterarán sus amenazas?

En fin, parece que la dulce abuelita, no era tan dulce.

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