CR. Inusual hallazgo. Óscar Jiménez Fernández

En aquellos días que el volcán Turrialba mantenía una fuertes y constantes erupciones, se fue acumulando un montoncito de ceniza en el jardín de la casa de mis padres. Nadie lo barría, ni tampoco le prestábamos mucha antención.

Una noche de verano comencé a ver que esa ceniza tenía un brillo particular con la luz de la Luna. La curiosidad se apoderó de mi y me hizo acercarme para verlo más detenidamente. Noté que entre la ceniza habían dos piedras de jade de igual tamaño, redondas y muy brillantes. Y cuando traté de recogerlas estas se movieron y se escondieron entre la ceniza esquivando mi mano. Y luego, vi como la montañita de ceniza se empezó a mover y las piedritas de jade se asomaron nuevamente, y eso me permitió darme cuenta que no eran piedritas sino dos ojos que me observaban fijamente.

El montículo de ceniza se sacudió y dejó ver una gatita gris que emanaba un vapor muy caliente, traté de tocarla pero me quemé al instante y retiré mi mano inmediatamente. Dejé pasar unos minutos para que la gata se enfriara un poco y al cabo de un ratito pude acariciarla y recogerla para llevarla adentro de casa donde se instaló cómodamente y desde entonces nos acompaña amorosamente.

Si no me cree busque la página 12 de la sección de Sucesos del Diario Extra del 12 de noviembre del 2016 donde hay un reportaje que hace referencia a este inusual hallazgo.

7-9-2020

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