CR. ¡No me gusta perderme los temblores! Rodolfo Arias

Después de almuerzo llevé a mi madre, ya casi nonagenaria, al dentista.
Volvió cansada y se recostó.

Yo me vine para mi casa, me entretuve en un par de mandados y en un semáforo me sorprendió el temblor.

Llamé a los viejos. Papá atendió.
-Todo está bien, ya te paso a tu mamá.
-¿Mamá?
-Hola mijito.
-¿Cómo está?
-¡Me quedé dormida y no me di cuenta! -exclamó- ¡Qué cólera, no me gusta perderme los temblores!

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