CR-ALAJUELA. Parte de guerra. Sergio Erick Ardón Ramírez

Frente a nuestra casa entre los muchos árboles que han ido creciendo, los hayamos sembrado, o que aparecieron por su propia cuenta, hay dos hermosos ilanes ilanes, que si sembramos hace ya algunos años y que alcanzan alturas cercanas a los veinte metros.
El ilan ilan es una especie traída , no sé en que momento, ni por quién, de Asia, me han dicho que de la India.
Son árboles frondosos que mantienen follaje todo el año y que tienen, más allá de su presencia imponente, un atractivo especial; su flor es muy olorosa y en las noches todo lo inunda con un aroma agradable, penetrante y dulcete.
Los sembramos principalmente porque nos traen los lindos recuerdos del parque Juan Santamaría, en aquellos tiempos de la niñez y la adolescencia. Por entonces adornaban el parque y lo perfumaban varias docenas de ellos, y las gentes usaban sus flores aromáticas para hacer perfumes, algo que se conseguía fácilmente al mezclarlas con alcohol.
Lo que ahora sabemos es que las zompopas tienen a sus hojas como el ingrediente preferido para cultivar los hongos de que se alimentan.
Esto ya lo habíamos constatado anteriormente. Hubo una vez en que las legiones atacantes venían de un gran hormiguero situado a doscientos metros de distancia, superando densos charrales y mil obstáculos. En esa ocasión la campaña para vencerlas fue muy dura y tomó varias semanas de hostilidades.
Hace tres días , ya de noche, detectamos una gruesa columna de hormigas que bajaban por el alto tronco con las hojas tiernas del Ilan Ilan entre sus tenazas.
La exploración nos llevó a una pequeña colina cercana , no más de treinta metros, donde encontramos la base central de las atacantes.
Como conocemos de la velocidad conque son capaces de dejar un árbol en varejones y no contábamos con las armas químicas de destrucción masiva habituales, recurrimos a métodos muy primitivos, agua caliente sobre las columnas de los febriles y laboriosos enemigos. Una tras otra vaciamos cafeteras de la hirviente agua, sin que la marcha cargando las verdes y tiernas hojas, fuera interrumpida más que por unos pocos minutos.
Esto fue el jueves pasado ya muy entrada la noche y no sería sino hasta el sábado que podríamos contar con las armas necesarias, cuando nuestro apoyo visitaría el confinamiento.
De manera que se trataba solamente de ganar tiempo. Evitar que los estragos fueran mayores.
Ya el viernes muy temprano volví con el agua hirviente, pero pronto me dí cuenta que todo era en vano.
Si, la mortandad producida por aquellos chorros de agua era muy grande, seguramente que miles y miles de los enemigos morían, pero me enfrentaba a millones.
Opté entonces por una acción desesperada, a sabiendas que solo atrasaba a las depredadoras.
Escoba en mano recorrí toda la columna desde el pie del árbol de ilán ilán hasta los hormigueros barriendo de ida y de vuelta. Pensé que así causaría confusión . Nada, tres minutos después la ancha avenida construida por ellas, se volvía a llenar de hormigas que iban con hojas o venían por más.
La emprendí a patadas cerrando los accesos de la inmensa red de túneles que habían aparecido de la noche a la mañana. A sabiendas también que solo ganaba un poco, muy poco, de tiempo.
Dichosamente vino en mi ayuda la lluvia, que cayó y cayó toda la noche obligando a las hormigas al repliegue.
Ya en la mañana del sábado volvieron a la carga , parecía que querían meter el gran ilán ilán bajo tierra.
A eso de las nueve llegaron las armas terribles, y sin pensarlo dos veces dejé el desayuno en la mesa, y me lancé al ataque.
Las armas químicas son mortíferas, están hechas para hacer daño. No hubo hueco que no viera el tubito plástico cargado de muerte entrar hasta el fondo. Pronto me quedé sin suministros y el apoyo corrió a Turrúcares por refuerzos.
Reanudé el ataque.
Al ser el mediodía , sudoroso, canté victoria. Atacado el hormiguero sin compasión, emboscadas las columnas en varios sitios, sembrado de cadáveres el campo, desaparecieron.
Ya puedo descansar, salvé al hermoso ilán ilán , por ahora.
Pero sé que volverán.
Esta guerra tendré que librarla mientras viva. Sabedor que al final será ganada por las hormigas.

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