CR-ESCAZÚ. Setenta años de acoso. Rodrigo Montoya Alvarado

roma29/3/020

Desde los años cuarenta (40s) del siglo pasado, una generación de lujo, a pesar de la oposición de los grupos de poder, nos colocó en la cima del concierto de naciones. Con una legislación social desconocida en ese entonces para la mayoría de los países no sólo latinoamericanos.
Desde hace setenta años éstas élites no han tenido paz, los mortifica no poder lucrar con los más necesitados de nuestra sociedad.
Desde que se dio esa magnífica legislación social estos infames vienen arremetiendo descaradamente contra esta revolución social de los años cuarenta.
No se había terminado de promulgar la ley, estaban tibias las firmas de los próceres de aquella epopeya cuando el pueblo se obligado a salir a la calle, tomar las armas para defender estos logros.
Dos mil muertos, muchos desterrados, como el caso de nuestra Benemérita, nuestra educadora insigne Isabel Carvajal (Carmen Lira) a quién se le negó el derecho de morir en su patria agobiada por un cáncer terminal, desterrada por la Junta de gobierno presidida por José Figuerez Ferrer, muchos presos, el partido de los trabajadores Vanguardia Popular en la clandestinidad, los mártires del Codo del Diablo, y millonarias pérdidas materiales, es el saldo de esa guerra civil y el costo que hubo de pagar ésta legislación social.
No cejan en su empeño de dar al traste con esta obra social, sea corrompiendo instituciones, sea dándole pellizcos al erario público.
Esto tiene nombres y apellidos, en un país de menos de un Millón de habitantes para esa época y cinco millones para la actual no es difícil en la fauna cadavérica que nos gobierna señalar a los responsables.
Quienes son los culpables de la debacle económica social y política que ensombrece nuestra patria.
En primer lugar las cúpulas de los partidos que se han alternado el poder en los últimos setenta años. ¿Casualidad?
Desde que se dio el banderazo de salida a las garantías sociales estos grupos no han dado tregua, en su afán de menguar, estos derechos.
En segundo lugar
dirigentes pueblerinos, mandos medios, muchos inclusive profesionales, periodistas, doctores, economistas, en puestos de poder han guardado silencio cómplice y justifican la corrupción que hoy nos envuelve por temor a perder su privilegio, su puesto de trabajo.
Algunos se atreven hoy a medio levantar la voz.
La democracia no se construye en la tolerancia, en el dejar pasar, se construye y fortalece en la critica, misión que corresponde al periodismo pero este se acomodó y hoy ejerce un periodismo corrongo, sin compromiso pero sí sometido a las cámaras empresariales, élites de poder.
Ojalá no sea demasiado tarde y de aquella legislación social que nos identificó, nos dio carácter, dignidad, pueda rescatarse algo.
Como dice sabiamente el soberano.
“Del ahogado el sombrero”

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