CR. ¿Un país realmente distinto? Luis Paulino Vargas Solís

¿Fue Costa Rica un país realmente distinto?

Creo que si. Al menos en el contexto centroamericano, pero incluso a escala latinoamericana.

Y no es, ni mucho menos, que todo haya estado pintado en colores pastel. Claro que somos una sociedad cuya cultura arrastra oscuras herencias racistas, machistas, xenofóbicos y homofóbicas, entre otros rasgos igualmente detestables. Y si lo menciono es porque creo que es a través de la educación y la sensibilización, y con base en una institucional que promueva la inclusión y la equidad, que podríamos, si nos lo proponemos, superarlo.

Costa Rica logró marcar diferencia a partir fundamentalmente de las reformas sociales de los años cuarenta del pasado siglo, que tuvieron continuidad, y se ampliaron y profundizaron, en los marcos del proyecto socialdemócrata y desarrollista de los decenios cincuenta a setenta.

Tras la crisis de inicios de los ochenta, viene una reorientación, la cual empieza a dibujarse en el gobierno Monge Álvarez y adquiere contornos mejor definidos con la primera administración Arias Sánchez. Su avance a lo largo de los años, y hasta la fecha, ha sido gradual pero indetenible.

Llámele neoliberalismo, o bien, si el concepto le incomoda, apelemos a otra designación. No entraré en detalles puesto que no es este el lugar apropiado. Solo quiero resaltar que es algo que está teniendo profundas implicaciones en los proyectos de vida de las personas, en sus subjetividades y, en fin, en nuestros estilos de convivencia.

Así como para las juventudes los proyectos de futuro están marcados por enormes y ominosos signos de pregunta, y todas las certezas que nos ofrecían los sistemas de seguridad social, están amenazadas por la bancarrota, también acontece que hoy somos una sociedad fragmentada y dividida, paralizada por la sospecha y la desconfianza. Perdimos la esperanza y el optimismo, no tenemos fe en el porvenir.

El contrato social que, con relativa eficacia, nos unía, se hizo andrajos.

Y entonces nos llega la #pandemia del #Covid_19. Y ahí se evidencia, con rasgos realmente dramáticos, nuestra incapacidad para dialogar y entendernos. Justo cuando más nos urgía.

Sobre todo ha quedado claro que estos 35 años nos heredan una clase, ínfimamente minoritaria, pero extremadamente rica y poderosa, ensimismada en sus desorbitados privilegios, y totalmente ajena a cualquier sensibilidad solidaria y compasiva.

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