CR. Todo esto es verídico. Óscar Jiménez Fernández

Amigas y amigos prepárense para lo que les voy a contar por que esta historia de verdad los va a dejar pensando en los secretos que esconden nuestras montañas acá en Costa Rica. Resulta que este domingo salí a dar un paseo en mi bicicleta. Llevaba varios días con ganas de subir el cerro Cabeza de vaca.

Si un día despejado miran el volcán Irazú desde el Valle Central, verán que hay un cerro “pequeño” de 3040msnm a su lado. Ese es el el Cabeza de vaca.

Subí por Rancho Redondo, y al llegar muy cerca de la cumbre encontre tres caminos que bajaban, al parecer uno de estos sale a Tierra Blanca, el otro a Llano Grande de Cartago y uno más complicado que conecta con el Parque Nacional Volcán Irazú (sector Prusia).

Decidí bajar hacia Llano grande para hacer un circuito es decir, bajar por un camino al que usé de subida. Pero un desperfecto mecánico en el freno trasero me obligó a detenerme a mitad del descenso hacia Llano grande. La pieza que sostiene el freno llevaba un tornillo en forma de “estrella” y mi set de herramientas no tiene esa llave.

Mientras un poco angustiado trataba de solucionar el problema apareció un sujeto con un abrigo verde olivo, zapatos de cuero cafés y un pelo canoso.

Sin yo pedirle ayuda sacó un bolsito de cuero y me lo entregó. El bolsito contenía algo metalico y muy pesado. “Cuando baja me la devuelve” fue lo único que dijo, y acompañó esta inusual entrega con una sonrisa jovial y malévola al mismo tiempo.

El tipo caminó montaña abajo y difuminó rápidamente entre la neblina.

Abrí con curiosidad la bolsita de cuero y su contenido me pone la piel de gallina solo recordarlo.

De la bolsita salió una pieza de un metal pesado (parecía bronce), tenía una empuñadura con forma de serpiente y en la cola del reptil se formaba una estrella que encajaba a la perfección con el freno de mi bicicleta.

Reparé sin problemas mi bici y empecé a bajar por el camino que cada vez se hacía más angosto. Lo árboles formaban un túnel que poco a poco empezaban a rozarme los hombros las piernas, y empecé a sentir que la selva me quería tragar.

Una serpiente cruzó rápidamente entre las ruedas de mi bici. Seguí pedaleando pero no logré encontrar al viejo que me salvó la tanda. Con mucha dificultad salí de la selva, o mejor dicho, ella me dejó salir a una orilla de una carretera. Había un letrero que decía Parque Nacional Volcán Irazú Sector Prusia 2km.

No encontré al dueño de esa extraña herramienta, cuando salí del bosque palpé mi bolsillo y la pieza de metal había desaperido.

Seguí pedaleado y regresé a mi casa sin ninguna complicación. Esto que le acabo de contar es completamente cierto, si no me cree suba hasta el cerro Cabeza de vaca por Rancho redondo y cuando llegue al portón de la finca “El Roble” peguese un silbido, ahí pregunte por doña Xinia, o por Guido, o por “el visco”. Y cualquiera es esos tres le confirmaran que Oscar le estaba diciendo la verdad. Adjunto algunas fotografías y gráficos de Strava pa que vean que todo esto es verídico.

https://strava.app.link/LSxqFyIL08

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