CR-ALAJUELA. Fracaso relativo. Sergio Erick Ardón Ramírez

Rompí el cerco.
Sentí el deseo de llevarle una rosa blanca a mi mama, que yace, contra su voluntad, en la tumba de los Ardón.
No es mi costumbre hacerlo. A ella la llevo presente todos los días.
Tal vez por las especiales sensibilidades que surgen en estos días de confinamiento y reflexión me dió por hacerme presente en el cementerio.
No es que me complazca visitar los cementerios, no.
Prefiero visitar los parques, las calles y las montañas.
Pero hoy, cuando las tantas voces que se alzan para recordar a las madres nos llegan sin pausa, seguramente que esa fuerza colectiva termina influyendo en nuestro ánimo y entonces me puse desobediente.
Sin decirle a nadie de mi burbuja, dormían plácidamente, me escapé. Calculé el tiempo que podría tomarme cumplir mi deseo, para estar de regreso sin causar alarma, y allá fuí.
Esperaba encontrar a las puertas del Cementerio General de Alajuela a alguien vendiendo flores. Todo lo que yo quería era una rosa blanca, una sola, mi mama nunca fue amiga del aparataje.
Hice el recorrido sintiéndome travieso, no es la primera vez.
Llegué, y aquello estaba desolado, ni un alma, ni una vendedora de flores. Nada. Bajé a leer el rotulito pegado en el ancho portón. Así me enteré que el cementerio va a estar cerrado hoy y mañana y el lunes, Que solo se abrirá si hay alguien a quien enterrar.
Me moví como león enjualado, pensé en saltarme la verja, que ya dichosamente no está coronada de rollos de alambre navaja. Eso me gustó, me hice la ilusión de que mi observación criticando esa barbaridad, haya tenido que ver con la sabia decisión de quitar las alambradas.
De saltar la cerca desistí, no solo por que sea alta, sino porque soy conciente que ya no estoy para saltar cercas. Algo que antes hice muchas veces. En tiempos en que nada parecía insuperable.
Al regreso, habiendo visto frustrado mi deseo, me dije: valió la intención, sin duda mamá comprenderá, no todo es posible, menos en tiempos de pandemia.
Fracasé, tampoco es que sea la primera vez que me enfrente al fracaso. Aprendí a lidiar con ellos, y también aprendí que, como en esta ocasión, cuando lo que te mueve nace de lo más hondo, el fracaso es relativo.

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