CR. Frodo. Luis Paulino Vargas Solís

Dígase que usted y su esposo o esposa, junto con sus güilas, deciden irse de vacaciones en compañía de un matrimonio amigo y su respectiva parentela. Es cosa perfectamente normal.Pues eso hizo el presidente Alvarado, junto a su esposa Claudia y su retoño. Salveque al hombro, sus Kam Lung, “shorts” y bloqueador de sol 80, se fueron tres diítas para la playa, en compañía de una familia amiga, la del ministro Garnier.Sabemos que en estos tiempos pandémicos no es lo más recomendable. Al menos no lo que insistentemente recomienda el ministro Salas de Salud, quien innumerables veces nos ha aleccionado que debemos mantenernos en nuestra “burbuja social”. La familia presidencial y la familia Garnier desoyeron tan prudente consejo, e hicieron un revoltijo de burbujas.Eso no debería hacerse. Si se educa con el ejemplo, eso no es educar de la forma correcta. Pero, más allá de eso ¿qué hay de malo en esto?Permítame cambiar la pregunta y decir: ¿qué hay de bueno?Me parece que mucho. Es que lo que esto ha destapado es tan malo, que resulta buenísimo que se haya destapado.Lo leo en varias notas en el Semanario Universidad. Me da un colerón, pero al mismo tiempo me provoca unas sonrisotas de oreja a oreja.¡Qué bueno que esto sale a la luz!Ahora venimos a enterarnos que La Hacienda Punta Islita, el hotel donde acostumbran alojarse luminarias hollywoodenses, y al cual viajaron las dos familias amigas a fin de departir en galante jolgorio, disponiendo para ellas solitas de tan paradisíacas instalaciones, es un inmueble valorado en la suma simbólica de ₡ 500.000. Como me dijo un amigo: el mismo valor con que aparece registrado su venerable Hyundai modelo 93.Pobrecitos los ricos ¡qué pobres que son!Avanza usted en la lectura, y surge entonces una telaraña de dimensiones siderales. Me hizo recordar una de las películas del Señor de los Anillos, cuando Frodo es atrapado por una enorme araña que, después de anestesiarlo, lo envuelve en su pegajosa red. Así imagino al presidente Alvarado: un Frodo enredado en un asfixiante entramado de intereses plutocrático-empresariales.Sobran detalles escabrosos como para escribir una larga y apasionante novela policíaca. No entraré en detalles, los cuales usted puede consultar en las diversas notas publicadas por el Semanario Universidad.Observará usted como salen a la luz imperios empresariales que vinculan a docenas, incluso centenares, de empresas, pero que también vinculan nombres y apellidos. Aparecen helicópteros, empresas que arrastran deudas con el Estado y otras beneficiadas por amnistías tributarias y organizaciones como Alianza Empresarial para el Desarrollo (AED) y Horizonte Positivo, por medio de las cuales el poder plutocrático se enquista al interior de las más encumbradas instancias de decisión política.Es, en muchos sentidos, una historia tenebrosa, una afrenta a la democracia y una burla a la ciudadanía costarricense.O sea, y en resumen: las vacacioncitas presidenciales nos han resultado harto provechosas.

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