CR. Travesuras de niña. Ana Lorena Quesada

Quiero compartir con ustedes una historia de mi vida, que mi padre nunca conoció.
Tenía entonces seis años y cursaba el primer grado en el Colegio Sagrado Corazón, un colegio de monjas Oblatas del Divino amor.
Todas las mañanas, papá me acompañaba una parte del camino y se devolvía a su trabajo, vivíamos en el Barrio Carit, donde nací y me crié hasta los 17 años, era una gran caminada, porque ese Colegio queda en Barrio Gonzáles Lahaman, donde está todavía, como pueden darse cuenta era tamaña caminada, pero uno se acostumbra.
Mis tíos Juan y Sila, eran los dueños de la pulpería La Zapoteña que quedaba a doscientos metros del colegio, tía me daba los pases para que tomara dos buses de regreso a casa y me comprara un cono en la Cañada.
Yo todos los días me comía aquel helado, pero soñaba con comerme aquellas cajas pintadas en la pared.
Mi padre todos los meses le daba la mensualidad a mi tía para que fuera ella a pagar pues por asuntos de trabajo él no podía y menos mamá que tenía un bb cada año y medio.
Un día mi papá me dio la mensualidad, la puso dentro de mi bulto entre un cuaderno, me dijo : tenga mucho cuidado y apenas llega se la entrega a la Madre Superiora.
Aquel nefasto día no tuve gusto, pasé pensando si pagaba o me compraba los helados de todos los tamaños, al final decidí jugármela y a la salida me fui directo a la heladería, iba come y come en el asiento trasero, sacando el helado de la caja con mis manos, mientras algunas personas me miraban sorprendidas.
Llegué a mi parada final, me senté en el muro de la Maternidad Carit, comí hasta casi reventar y dejé el resto detrás del muro, pues imposible llegar con helados a mi casa sin una buena explicación.
Pasó el tiempo sin ningún problema, le dije a papá que la Madre dijo que un día de estos me daba el recibo.
El mes siguiente mi tía como de costumbre fue a pagar la mensualidad y la Madre Superiora le dijo: “ doña Sila, su hermano no pagó el mes pasado”, claro que si le contestó tía, se la mando con la niña, no que yo recuerde, ahí entre yo, pálida y con náuseas, yo le di la plata, pero usted estaba hablando con un señor y se la metió en la manga, ella usaba mangas largas y anchas, siempre andaba las manos dentro de la manga en forma cruzada. Se lo dije con mucha seguridad aunque con miedo, tenía que mentir porque de eso dependía mi vida.
Sor Ramirez, ese era su nombre, aunque todas le decíamos Madre, entró en dudas y le dijo a mi tía, le voy a hacer los dos recibos de una vez, ahí me acordaré que hice con ese dinero, la chiquita no va a mentir. Dios mío me salvaste , mi papá me habría medio matado ese día. Esa fue mi peor torta en la niñez, apropiarme de la colegiatura, para comprar helados que ni pude comerme.

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