CR-HEREDIA-SAN ISIDRO. Don Fabián Dobles. Claudio Enrique Monge Pereira

Mis tertulias con don Fabián siempre fueron muy cordiales y amenas. Para él tenía un significado especial que yo había viajado a la Unión Soviética siendo menor de edad, con el consentimiento de mi Mamá y mi Papá, a dejar mi juventud en el otro lado del mundo. Yo adoraba a Fabián, a quien por cierto jamás pude quitarle el DON, ni mucho menos decirle Camarada. Siempre le hablé de USTED. Él me decía que le dijera Fabián pelado y no pude hacerlo nunca. Su semblante y sus gestos son inolvidables. Él me voceaba y yo ni así me atreví a hacerlo. Le gustaba escuchar el relato de mis peripecias de años en Rusia y Ucrania. Y la verdad sea dicha, tengo mucho qué contar de aquellas vidas, porque sí; fueron varias. En una ocasión le pregunté por qué había sembrado aguacates ahí arriba en Santa Cecilia de San ISIDRO de Heredia, conocida popularmente como “LA CAZUELA”. Ahí en las faldas cercanas del “Braulio Carrillo”, donde asentó su “SITIO DE LAS ABRAS”. Me contó su versión con naturalidad pero no me dijo quién se lo recomendó; asunto que supe muchos años después por boca de otro gran Escritor y un Escultor, ambos aún dando quehacer por este Mundo y Premios MAGON como don Fabián. En nuestro querido “TATAMUNDO” vibraba un espíritu de campesino y agricultor innegable. Ese día que relato hablábamos de los aguacates. Yo le contaba que aquí en muchas fincas había mucho árbol de aguacate criollo, pequeñito y muy sabroso. Y que yo había visto canastos repletos listos para complementar la alimentación de cerdos “navideños”. Le contaba que un vecino de los patriarcas del Pueblo decía que él soltaba unos chanchos que tenía para que fueran a los cafetales vecinos a barrer con los aguacates que ya eran alfombra. Ese día me mostró algunos árboles ya enfermos; seguro por el exceso de humedad y los alisios que aquí son bravos. Pero si cosechaba. Me dijo que hasta se le metían al predio y se los robaban. Entonces contaba que había traído un Brujo para que salara a los que se robaban sus aguacates, y como decimos, se regó la bola. Y la pregunta que no puede faltar de camarada a camarada se la hice; como probablemente se la harían otras personas…“¿Don Fabián, y usted cree en esas vainas?”Y nuestro gran Escritor, con su sonrisa más clara que un celaje de tarde allá arriba, me contestó: “¡Mira Claudio…yo no, pero los que me los robaban si!”ClaMo Toyopán, ZURQUÍ5/8/20

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