CR. “Ni encerradas ni con miedos”. Soledad Castro

La primera vez que viajé sola fue a los 18 años, luego de un viaje a Nicaragua con mi papá. Me quedé unos días más, absorbida y embelesada. Amo los mercados. Recuerdo estar recorriendo los pasillos, perdida y fusionada entre las multitudes. Esa transición entre la adolescencia y un leve despertar al mundo. Los buses, las ventas de comida callejera y mis sandalias de cuero. La lluvia, y yo feliz corriendo entre los charcos. He viajado sola por Guatemala, México, Honduras, la Amazonía, Indonesia, y muchos lugares más. Me encanta estar viendo por la ventana, abrazarme a la mochila, hilar mi historia con el paisaje. Escribir postales que nunca mando. Construir reflexiones absurdas, brújula de mis pasos. Uno de los últimos viajes largos que hice sola fue a Vietnam y de ahí a Camboya e India. Cuando llegué a Hanoi había alerta de tifón. Esa cuestión tropical de lluvia con sol, vida y muerte. Anduve por unos pueblitos de comunidades indígenas entre la frontera norte de Vietnam y China. Los campos radiantes de muchísimos tipos de cultivos y alimentos, al ritmo del derecho de vivir en paz. En el Sur Global me siento en casa. Las callecitas de la India (y de muchos otros lugares) son tan parecidas a las callecitas de Centroamérica. Dolores compartidos, pero también esa alegría-pilar ante la vida, pese a la incertidumbre del mañana. Reconocernos, reflejarnos, sonreírnos. Sin embargo, es profundamente triste y desoladora la violencia patriarcal en este lado del mundo. El machismo está perversamente arraigado en nuestra sociedad, a niveles alucinantes. Y ni qué decir de los punzantes micromachismos, desde la forma en que nos juzgan (que si nos vamos a casar, a tener hijos, si estamos gordas o flacas, bonitas o feas, blablabla) hasta lo lejos lejísimos que estamos de poder compartir los cuidados de forma igualitaria. Es terrible tener que jugarnos nuestro bienestar físico y emocional, para poder ejercer nuestra libertad. Ayer que caminaba por mi barrio y venía alguien atrás mío pensé, le debo a Centroamérica tener ojos en la espalda y vista 360 grados. Pinche paranoia constante. Me encanta y abrazo la consigna de “ni encerradas ni con miedos”. La pregunta es cómo.

Por cierto, hoy que vi de nuevo este video fue muy triste darme cuenta que algunas de las compas que salen ya no está vivas, porque fueron asesinadas.

VER VIDEO.

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