CR. La montaña no sabía del bichito. Edison v.a.

En un tiempo lejano por el año 20 del siglo 21, apareció un bichito que hizo estragos y volvió locos a gobernantes y científicos. Se prohibió la salida de casas y ciudades. Se prohibió el uso de automóviles. Se prohibió la entrada a playas y parques. La gente que podía salir a la calle, tapaba su nariz y boca con mascarillas. Muchos trabajaban desde sus casas. Los campesinos desde sus tierras (ellos no tenían restricción, debían producir el alimento para la gente de las ciudades).

Mientras tanto los volcanes Turrialba, Rincón de la Vieja y Poás seguían su fiesta, habían despertado hacía un tiempo. Los árboles crecían, los ríos crecían, los animales volvían; la crisis climática seguía pero la contaminación bajaba. Las aves seguían volando libres.

Algunas “ovejas negras” no dejaron de visitar la montaña, a ella pedían permiso, igual al río, al volcán, al viento. Daban gracias al sol, a la madretierra. Se tendían en el monte o en una hamaca, prendían un fueguito, cantaban, danzaban; al final se cansaban mientras pavas, quetzales y colibríes seguían cantando y danzando.

La montaña no sabía del bichito.

¿Cómo terminó la historia en las ciudades?

No sabemos.

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