CR. Desde entonces sintonicé mejor mi vida. Santiago Porras

Mañana se cumplirán dieciocho años de una experiencia extraordinaria. Víctima de un molesto dolor al lado izquierdo de mi pecho, me ingresaron de emergencia a la sala de shock del hospital México pasadas las once de la noche.

Al mismo tiempo que me conectaban electrodos y mangueras para suministrarme warfarina y otras sustancias, un médico me dijo quedo: “Usted está sufriendo un ataque cardíaco”.

La advertencia sólo me preparó para someterme pasivamente a lo que estaban haciendo las enfermeras y el médico. No me sentí particularmente asustado, quizá porque no estoy muy convencido de que exista un más allá.

Conforme avanzaban los minutos me fui adormeciendo poco a poco y en ese lapso me puse a pensar en que ya me había llegado ese momento que a todos nos llega, de lo que me distraje cuando me entró una genuina curiosidad para saber cómo era morirse.

En esos devaneos me dormí y desperté a la mañana siguiente en una camilla ubicada en un pasillo del hospital junto a otros convalecientes en las mismas condiciones.

Desde entonces sintonicé mejor mi vida.

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s