CR. La cabeza del ministro de Hacienda. Iván Molina Jiménez

Hasta ahora, el nuevo ministro de Hacienda no se ha dedicado a promover la criminalización de los empleados públicos, ni a satanizar al Estado, ni a clamar por nuevos impuestos para exprimir todavía más a los sectores medios y a las clases trabajadoras, ni a exigir el cierre o la venta de instituciones de manera indiscriminada, ni a aplicar dictatorialmente la infame regla fiscal.

En cambio, ha hecho lo que se tenía que hacer: denunciar la gravedad de la evasión fiscal, llamar a combatirla, exponer sin maquillaje el fracaso de la reforma tributaria del 2018 (precisamente por no poner coto a los evasores) y reconocer cuán obsoleta y anquilosada está la estructura del Ministerio de Hacienda.

Por eso, en los mundos de la política, del empresariado y de los medios de comunicación, muchos y muchas han empezado a soñar, desde ahora, con el día en que la cabeza del ministro ruede.

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