CR-SAN JOSÉ. Cerró Chelles. Oscar Madrigal

SOLO PARA NOSTÁLGICOS
CERRÓ CHELLES, uno de los últimos símbolos icónicos del “viejo” San José. Y hablo de viejo para referirme a los años 60 y 70.
A mediados de los 60s. San José era una “métropolis” que se básicamente se extendía desde la estación del Ferrocarril al Pacífico en el sur hasta la Penitenciaría Central en el norte y desde la estatua de León Cortés en el oeste hasta la Asamblea Legislativa. En este perímetro se acomodaba la gran vida capitalina, los bares, las iglesias, el club Unión, los nigh club, la calle 12 que era la zona donde estaban los lugares de gozo sexual, los locales de los partidos políticos…
Los grandes barrios eran Barrio Luján en el sureste, Barrio Aranjuez en el norte, Barrio México en el norte o Barrio Don Bosco. En ellos habitaba la gran mayoría de la población josefina.
En los alrededores del Mercado Central y Borbón se apretujaban los almacenes de víveres controlados por emigrantes españoles, los Constela, Uribe, Olle o Alonso que luego se convirtieron en grandes potentados del comercio.
Los grandes cines alrededor del Parque Central, Raventós, Palace y Rex y muy cerca en los alrededores, el cine Moderno, Adela, Capitolio, City, Zaida, Ideal y Roxy. Ninguno sobrevive.
En 1966 me invitaron a una fiesta de la Juventud a una casa en Hatillo 2, frente a lo que hoy es el liceo Roberto Brenes Mesén y aquello me pareció un lugar lejísimo, casi en la montaña. Viajar a Aserrí era visitar un pueblo de la ruralidad alejada de la capital.
Ese era el San José de mediados de los años 60, no hace realmente mucho.
A San José lo custodiaban 4 cantinas que eran las mejores: por el oeste la Barcelona, por el sur La Malagueña, por el norte la Limón y por este CHELLES. A cien metros también se encontraba el Balcón Europa frente al Balmoral. Todas esas cantinas eran de emigrantes españoles o lo habían sido.
Pero tal vez la más emblemática era CHELLES porque no cerraba nunca y fue el lugar de reunión de artistas y bohemios.
En algunas ocasiones a algunos se les ocurría a las 3 de la mañana continuar la fiesta en Puntarenas, viajando, lógicamente, por la carretera vieja.
Infinidad de anécdotas, charlas y utopías se quedarán para siempre en las viejas paredes de CHELLES.

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