CR. La catástrofe de los partidos evangélicos. Luis Paulino Vargas Solís

Quizá el elemento más llamativo de estas elecciones municipales, ha sido el estridente fracaso de los partidos evangélicos. Y no solo porque la cantidad de dinero tirada por el tubo -especialmente en el caso de Fabricio- resulta desproporcionada, relativamente a los resultados logrados.

Es que había dos factores adicionales que hacían temer un resultado electoral mucho más favorable a sus antediluvianas propuestas.

Primero, el denso tejido territorial que les proporciona centenares -quizá miles- de templos evangélicos repartidos por toda Costa Rica, y que, bien se sabe, esta gente convierte en plaza pública para difundir su mensaje político.

Segundo, el aprovechamiento demagógico que hacen de temas que tienen tintes morales (recientemente el aborto terapéutico, y anteriormente el matrimonio igualitario), para mantener vigencia política y visibilidad mediática.

Los tres factores -dinero + templos + moralina-, que parecían tan potentes, fallaron.

Ello habla bien de la inteligencia de nuestra gente, y abre un panorama nada prometedor para estos mercaderes de la fe.

También es un llamado de atención para esa nutrida fauna de demagogos que atiborran otros partidos, los cuales se aferran también a estas tesis premodernas y antiderechos, intentando atraer las simpatías del electorado.

Ese juguetito está irremediablemente averiado.

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