“Cuando pa’ Chile , me voy” Freddy Pacheco León

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“CUANDO PA’ CHILE ME VOY”, cantó un argentino ansioso por encontrarse con la chilena que le esperaba en la otra punta del camino. Linda canción adoptada por los chilenos e incorporada a su música tradicional, cual suya. Por su parte, en Costa Rica, desde que se rescatara a unos náufragos chilenos en 1832, que apenas sobrevivían en la remota isla del Coco (cuando todavía no era costarricense) se fortalecieron aún más los lazos de hermandad entre las dos naciones. Muchas cosas nos enlazan y muchas cosas tenemos que agradecer a ese generoso pueblo, con quien compartimos virtudes como la exaltación al derecho de vivir en paz, la educación como pilar de desarrollo, la democracia como algo más que una palabra. Pues bien, desde unos años para acá, a los ciudadanos de Costa Rica y otros países hermanos, nos han venido “vendiendo” la idea, de que para triunfar como Estado, deberíamos emular las ideas desarrolladas en Chile en los campos de la economía y la sociología. “Chile está bien”, nos repetían, “gracias a las ideas neoliberales”. Ideas encontradas en el catecismo del “capitalismo salvaje”, denunciado por el Papa bueno que nos visitara, pensábamos un tanto incrédulos. Era, sin embargo, hasta hace unas semanas, el Estado del subcontinente a emular. ¡La lección viva de que el neoliberalismo trae consigo desarrollo económico y social! La otra punta de la canción, la del vino, donde los índices conque se mide la calidad de vida, nos acercan al modelo a seguir, aunque el salario mínimo de sus trabajadores es menor al nuestro y su agua potable, está parcialmente en manos de empresas privadas que lucran con ella. Pero, como muestra de la solidez de su camino, no podían faltar las obras de infraestructura, como los rascacielos de Santiago, y el metro y las imponentes carreteras concesionadas. Sin embargo, de su también privatizado sistema de pensiones y de las dificultades de los “rotos” para sobrevivir, poco se hablaba. De por sí, la pobreza oculta se debía a los que no se esforzaban por emprender sus propios negocios, responden los “de arriba”, mientras suben a sus autos de lujo cerca del bulevar de Calle Huérfanos. “Cuando pa’ Chile me voy”, era pues más que una canción. Era la aspiración virtual de un viaje al encuentro de nuestro futuro soñado. Si Chile lo había logrado, Costa Rica, su país hermano en el continente, podía también lograrlo, siempre y cuando nos “soquemos la faja” y hagamos algunos sacrificios para poder caminar al paso mandado por la OCDE. Hay activos del Estado que hemos de vender; depender más de concesionarios privados que se encarguen de más carreteras, puertos, aeropuertos y explotación de recursos minerales e hidrocarburos que, según el modelo, no han de estar en manos del Estado, que de por sí, se mete mucho en funciones que no le corresponden, nos dicen desde la Academia Centroamérica. PERO ¡ALGO SUCEDIÓ! Algo inesperado por muchos que de pronto se ha traído abajo el tambaleante castillo de naipes. Dicen que “CHILE DESPERTÓ”, que las mayorías dijeron ¡basta!, que su Presidente para salvar su silla en el Palacio de La Moneda (frente a donde se impone enérgica la figura del martirizado Presidente Allende) tuvo que mandar para sus empresas y residencias, a todos sus ministros. Que la Constitución Política impuesta por el “asesino vitalicio”, está en la base de la situación socioeconómica insostenible, por lo que ha de ser sustituida por una muchísimo más justa. ¡Eso y mucho más! ha movilizado a millones de chilenos desde Arica a Punta Arenas. Acontecimientos que a los costarricenses han hacernos reflexionar, pues no nos son ajenos. Algunos mensajes traen consigo, en momentos en que por buscar resultados macroeconómicos supuestamente ineudibles, provocan un creciente malestar general que ya dejó de ser anecdótico. Si ningún partido político logra alcanzar al menos un 11% de simpatías electorales, y más de un 70% de los ciudadanos no quiere saber nada de los políticos, ¿no es suficiente motivo para alarmarse? Hay quienes dirán que no, porque “somos diferentes”, somos PURA VIDA, somos “el país más feliz del mundo”, los “campeones del planeta”, por lo que a otro lado con esos faroles. Pero, ¿podríamos, responsablemente, “seguir durmiendo de ese lado” sin siquiera hacer un breve alto en el camino que nos podría conducir a Chile? (FREDDY PACHECO LEÓN).

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