CR. ¿Por qué nos hacemos adictos sl celular? Alejandra Espinoza

Los teléfonos inteligentes y las posibilidades de conectarnos a Internet en cualquier lugar y momento nos acercan a personas que tenemos lejos geográficamente o a quienes no podemos ver tan seguido.
Sin embargo existe el riesgo de descuidar a las personas que tenemos en nuestro entorno y perdernos de una buena conversación ( real) por buscar aceptación ( virtual ).
En quienes desarrollan una adicción a Internet y al teléfono celular, este comportamiento aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y los sentimientos de soledad.

Si usted dedica más de 30 horas de su tiempo de ocio semanal a navegar por Internet, descuida sus relaciones personales, pierde horas de sueño, no puede controlar el tiempo que pasa en línea o sufre ansiedad cuando apaga la computadora o si su celular se descarga, podría ser catalogado como ciberadicto.
Un buen libro remedia la adicción a Internet y al celular
El estar constantemente pendiente de mensajes entrantes o de si el teléfono suena o vibra, y tener activadas diversas alertas de noticias y de correos electrónicos entrantes, puede abrumar a quienes no pueden dejar un solo mensaje sin revisar o contestar, o no resisten el impulso de ver todas las notificaciones de inmediato.

Así lo señala un estudio de la Universidad Estatal de San Francisco, EE. UU., publicado en la revista NeuroRegulation.

¿Por qué nos hacemos adictos al celular? Según confirma Erik Peper, coordinador del estudio: “La adicción al teléfono inteligente comienza cuando se forman conexiones neurobiológicas en el cerebro. Esto funciona de una forma similar a como funciona la adicción a opiodes o a personas que toman oxitocina para aliviar el dolor”.

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En otras palabras, las notificaciones, vibraciones y alertas en nuestros teléfonos nos hacen sentir comprometidios a revisarlos y, para ello, utilizan los mismos caminos neurales en nuestros cerebros que se utilizan para alertar de posibles daños, como el ataque de un depredador.

Esto se complica cuando existen muchos trabajos para los cuales es necesaria la conexión a Internet, lo cual también pone en riesgo a las personas que necesitan estar respondiendo correos electrónicos laborales y resolviendo asuntos de trabajo en su tiempo de ocio.

Esto hace que la persona tenga menos tiempo de descanso y mayores posibilidades de adicción al trabajo. Tal situación pone en jaque la salud mental y esto, a su vez, hace que la ansiedad y la depresión pueden encontrar terreno fértil.

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