CR. No vi los astronautas. Luis Paulino Vargas Solís

Era un hecho sin precedentes: los astronautas estadunidenses descenderían en la luna. Y yo, carajillo de once años, no me quería perder tan magno acontecimiento. En alguna tienda había visto unos binoculares y, original como era yo con mis ideas, me dije: “ahí está la solución”. No fue fácil convencer a mi tata. Si la plata apenas daba pa’los arroz y los frijoles, y mandar los carajillos a la escuela en vez de ponerlos a trabajar ya era todo un lujo, solo admisible gracias a la sabia terquedad de mi mama. Y ahí va papi, que, al final, dulce y bueno como era, primero refunfuñó un poco, y luego con paternal ternura, me concedió el caprichito. Yo suponía que eso me permitiría ver a los astronautas descender sobre la superficie del satélite y disfrutar de su baile en la casi ingravidez lunar. Todo lo cual evidencia que mis conocimientos astronómicos andaban medio defectuosos, sobre todo tratándose de unos pinches binoculares de plástico. Cierto que no vi los astronautas, pero mucha veces me complací viendo las torres de canal 7 en el cerro de Palmira.

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