CR. En la despedida de don Álvaro Rojas. Marielos Méndez

Hoy tuve un sentimiento muy lindo en la despedida de don Alvaro Rojas, aunque las despedidas son casi siempre tristes, había un aire esperanzador mientras más personas llegaban y hablaban de este ser humano excepcionalmente sabio, cuya solidaridad y conciencia social tocó tantas vidas.
Así deben ser las despedidas de alguien que vivió con tanto ímpetu por hacer bien las cosas, alguien que luchó tanto en contra de la desigualdad, alguien que nunca dejó de aprender y enseñar, alguien que deja una huella imborrable en quienes le conocimos, aunque fuera un poquito.
Hoy entendí que no se es rojo o amarillo por casualidad, que por una u otra razón la vida nos ha llevado al despertar de un deseo insaciable porque el mundo sea un lugar mejor para todos y todas y ese sentimiento que nos une es indestructible y por más que se quiera ignorar, ya no se puede, vibra en los corazones de la gente que no soporta la injusticia.
Alvarito me dio hoy, el día de su partida una lección más, el legado de un imprescindible.

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