CR-SAN CARLOS. La muerte del querido Man. Ángela Ulibarri

el

La muerte del querido MAN me ha provocado diversos sentimientos.

Arthur William «Allan» Barret Barret no fue un líder político ni nadie destacado por sus grandes obras o participación en instituciones, fue algo mejor que eso: un verdadero ser humano.Yo diría; un pan de azúcar.

Fiel a sus valores,traía en sus venas la sangre negra, alegre y sandunguera.
LLegó a San Carlos procedente de Heredia,
Uno de los primeros afrodescendientes que vinieron a esta tierra, para convertirse en verdadero sancarleño.

Y se puso a trabajar en lo que sabía; hacer pan y repostería
.
Y allí sembró la semilla del amor y agradecimiento.

“Lo que le hagás a un niño, nunca lo olvidará”

Es increible la cantidad de comentarios de adultos que fueron marcados en su infancia por la generosidad de este hombre,
Su panadería estaba cera del Colegio Inmaculada, y era casi obligatorio pasar por alí

Dice el abogado e historiador Luis Gerardo Valenciano.” Quiero compartir con ustedes algunas ideas. Ubiquémonos. Aquí en Ciudad Quesada, Panadería La Panchita de nuestro amigo Leo, o bien del Muro de Barrio San Martín, 75 metros al oeste, aún hoy día existe la edificación donde antaño operó la Arrocera de don Luis Corrales-que de Dios goce; antitos de pasar el puente; el local último, al lado existe aún hoy día un árbol de aguacate; pues ahí tuvo Man su pequeña repostería. Uno chiquillo pasaba al frente y miraba la urna con deliciosos manjares-cachos, pastelillos, queques. Ah y esos olores que olían a Gloria. Esa que existe allá donde Dios. Uno chiquillo siempre andaba sin dinero, o escaso y hambriento, pues uno chiquillo es muy antojado. Los alumnos del Colegio María Inmaculada teníamos como parada obligatoria, pasar a la ventana del negro Man. Nunca en mi vida miré una mala expresión o mal gesto de ese Negrote.”

Otro bello comentario es este “Elizabeth Rodríguez Si supiera la cantidad de lindos recuerdos que tengo de él y sus dulces reposterías, el único Cumpleaños que me celebraron de niña fue a los 6 años y él preparó, nunca olvidaré ese pastel, no sé si era mi ilusión de niña o si en realidad así era, pero parecía el pastel de una princesa. Los cachos eran el mejor detalle que podía llevarme mi papá cada vez que regresaba de hacer mandados en La Villa, verdad Flor Fonseca Gamboa? los de crema pastelera, envueltos en papel encerado 😋. Años después conocí a su hijo, trabajamos juntos en la famosa juguetera, la fábrica de carritos de madera, cuando supe quien era su papá, eso bastó para que fuéramos amigos, esa es la herencia de ser hijo de un buen hombre, que la gente te aprecie de entrada por ser uno de sus hijos.
Porqué? Porque esperamos a que venga la muerte para decir todo lo que sentimos? siendo ya adulta lo vi algunas veces, pero uno se queda con lo que siente como si siempre fuera a tener tiempo, obviamente se que no se iba a acordar de mi, una negrilla de ojos grandes que se maravillaba con sus dulces creaciones, pero le hubiera gustado saber que yo, esa mujer grande, alguna vez me sentí una pequeña princesa gracias a uno de sus pasteles, desearía habérselo contado alguna vez, tal vez le hubiera alegrado saber que lo recordaba con tanto cariño.
Son interminnables los comentarios
Amó a manos llenas y dejó huella en cientos de mentes infantiles, además de sus amigos y vecinos adultos

Llenaría páginas con las expresiones de amor que le dedican, pero voy a cerrar con la sentida poesía de WWilliam Jara Parra

A Man el amigo de todos

No se que viento lo trajo
ni se de donde vino,
cargaba sobre sus hombros
una alforja llena
de sonrisas tiernas
y entre su piel dorada
una esbelta figura
que invitaba a la tertulia

Caminaba por entre las angostas
aceras de la villa
y entre su caminar,
la gente a su paso
recibía
sus manos grandes
cargadas de la miel
de un amigo de verdad

Había una frescura bárbara
y una paz inmensa
en su andar,
que hasta en las esquinas
los chiquillos
lo atisbábamos
y le gritamos man

La primera vez que nos vimos
fue una tarde de lluvia,
entré a su tienda de sabores
Huyendo del aguacero,
con mi cara sucia
una urna encantada
del regalo de sus manos me detuvo,
deslizando una cortinilla gris
desde donde preparaba sus secretos,
apareció impresionante !
con su mirada amarilla,
que quiere el chiquito?
un cacho o un prusiano
y entre aquel aroma pegajoso
al paladar le dije, no, no, no tengo plata,pero quiere el chiquito, verdad que si?
y abriendo sus carnosos labios cargados de bondad,
con sus gigantes dedos,
en un pedacito de papel me dió aquel pastel ,
comáselo que otro día me lo paga.
Parió entonces la vida
en ese mágico monento,
algo que llevo
entre mi piel de humano
y que grito al viento,
cuando el desgano pálido vestido de miseria de la sociedad, desprecia a la gente por no pertenecer a su nivel.

No se, no se que viento lo trajo
ni de donde vino,
cargaba sobre sus hombros
una alforja de sonrisas tiernas
El Man del que les habló
llegó a estas tierras,
se vistió de corpulento atleta, cargo su delantal de pastelero, se vistió de peón entre las calles rotas de tristeza y como un rey mago,
nos llenó de esperanza
sembrando para siempre,
la semilla bondadosa
en los que vivimos en la villa.
William Jara
(poeta costarricense)
Escrito a mi amigo Man, el día en que se fue a vivir con Tatica Dios

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