CR. A la lucha. Sin miedo y con fe. Manuel Delgado

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Rafael Ángel Calderón Guardia subió al poder en hombros de la oligarquía cafetalera y gobernó dos años para ella. Dos años desastrosos que llevaron al país a la paralización y el enfrentamiento, fomentados por la derecha para justificar un golpe de estado.
Entonces, según contó muchas veces Manuel Mora, el líder comunista lo visitó. Calderón estaba muy abatido y le dijo: “Manuel, yo ya estoy caído”. Manuel Mora le respondió: “No, doctor, usted no está caído. Durante dos años usted se ha apoyado en los ricos. Apóyese ahora en el pueblo y verá como no se cae”. Y así se inició una de las épocas más fructíferas de la historia de Costa Rica.
Una situación similar estamos viviendo hoy en día. Carlos Alvarado, que subió al podio apoyado por el gran capital, le entregó el poder a las cámaras patronales, que nos tiene enfrentados a una de las peores épocas de nuestra historia. Contra el sentir de los votantes y el espíritu de su propio partido, ha gobernado durante 14 meses para los ricos. Pero ahora tiene la oportunidad de hacer un cambio. El presidente tiene la posibilidad de romper la deriva neoliberal y enrumbar al país por la vía costarricense de desarrollo, creada por Juanito Mora, e impulsada por González Flores, Calderón Guardia, José Figueres y tantos otros. Él es muy débil y está muy solo, como estaba Calderón Guardia en 1942, pero podría hacerse con la fuerza del pueblo y eso lo haría invencible.
Necesitamos un golpe de timón en el gobierno.
Calderón Guardia sacó del poder a la oligarquía cafetalera, dominante entonces. Alvarado debe sacar del poder a la oligarquía financiera, dominante hoy. Calderón Guardia impulsó un programa de reforma social en favor de los trabajadores. Alvarado debe parar el intento de destruir esa reforma que hasta ahora vienen impulsando su gobierno y las cámaras patronales.
El presidente está en una encrucijada única: o termina de convertir al país en una república bananera más, como Honduras o El Salvador, o se convierte en un ejemplo de esperanza para todo el continente.
Los seguidores del PAC también tienen en sus manos una gran oportunidad: dejar de ser paclovers y convertirse en patrialovers, en pueblolovers, en fuerza impulsora del cambio. Tengan la seguridad de que los costarricenses buenos que no somos del PAC los apoyaremos en esa lucha patriótica.
Si no, nos tendrá de frente, no a nosotros, sino a todo el pueblo. Y en esa batalla entre pueblo y oligarquía les aseguro que el pueblo va a triunfar y al PAC pasará a ser solo un triste recuerdo del pasado.
A la lucha. Sin miedo y con fe. A este pueblo no lo vende nadie.

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