CR-ALAJUELA. Camilo Ernesto (historia de un nombre). Sergio Erick Ardón Ramírez

“Ponganle Umanzor que era uno de los generales de Sandino” nos dijo Carlos Fonseca cuando se enteró que el hijo estaba muy pronto. “Jodido que nombre estas recomendando” entre risas comentó Fabián Rodriguez , finquero matagalpino enrolado en la cruzada sandinista, “ya que recomendás nombres raros, podría llamarse Nabucodonosor, como el rey persa”. 
Veníamos llegando de un “paseo” por el cañon del Virilla, de probar unas pistolas junto con Humberto Ortega.
Fue el día en que una sonda espacial había llegado a la luna y un cosmonauta usamericano, Neil Armstrong, había clavado la bandera de las muchas estrellas en suelo lunar.
Días después llegó el día, en un soleada mañana como la de hoy, solo que a 50 años de distancia.
El niño no se llamó ni Umanzor como quería Carlos ni Nabucodonosor, como sugería Fabián, se llamó Camilo Ernesto.
Camilo en recuerdo a los muchos Camilos caídos en la contienda por sociedades más justas a lo largo del continente, y Ernesto en homenaje de recordación al Ernesto más grande, al Ché.
Eran tiempos, (1969), de ideales encendidos y de perdidas dolorosas, que no acabarían.
Hoy aquel niño es un adulto corpulento de pelo ensortijado y bigote y barbilla, a sus 50 años, padre de cuatro mujercitas, y ya abuelo.
Al nombrar a los hijos, uno de los privilegios que los padres asumimos, no les estamos encargando tareas preconcebidas. Bien sabemos que cada uno de ellos, libremente, se labrará su destino.
He tenido las alegrías que dan el ser padre de muchos.

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