CR. Sin dar la cara y sin dar razones. Luis Paulino Vargas Solís

Dice el diputado E. Newton Cruickshank que el voto secreto por parte de diputados y diputadas, es una forma de ganar independencia y protegerse de las presiones que diversos grupos pudieran ejercer.

Creo que puede ser -y a menudo será- lo contrario: un mecanismo de ocultamiento para favorecer determinados y poderosos intereses, sin dar la cara y sin dar razones.

Por otra parte, hipocresías y eufemismos aparte, es claro que la elección de magistrados siempre ha sido un juego teñido de politiquería, y resuelto en penumbrosos conciliábulos palaciegos. Pero precisamente esa es una faceta positiva del debate alrededor de la confirmación del magistrado Paul Rueda: por primera vez se ha discutido abiertamente sobre la injerencia política-partidaria en lo judicial; por primera vez se denunció el secretismo y se reclamó transparencia frente a la ciudadanía. Por primera se planteó en serio la importancia de la división e independencia de los poderes, y acerca de la enorme significación que esto tiene para la democracia.

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