CR. Mi abuela materna. Luissiana Naranjo

Hoy arreglando “chunches”, me encontré esta foto (miren mis colochos) y me hizo recordar, la admiración y profundo amor que siempre tuve por mi abuela materna, María Luisa Monge. La disfruté hasta que persiguió luciérnagas a sus 95 años y por ahí anda dándome luz cuando siento oscuridad, la imagino en el pasillo de su casa de adobe y bareque de más de 200 años, barriendo las hojas del jardín, y a la vez, con su pila lista de ropa, tostando el arroz a fuego muy lento; era una máquina, de amor también, generosa, puntual, educadora de la Escuela Normal, le llamaban la -Piedra-, por su fortaleza y coraje.

En el momento menos pensado, cortaba flores para el comedor, o venía alguien para inyectarse o sobarse una pega. Alistaba la gelatina para las visitas a los enfermos, o tenía su pancito casero fresco. Fue una liderasa de su cantón.

Me amaba mucho, eso se siente y fue recíproco, oraba siempre por mí, me daba las bendiciones, tuvo una conexión de matriarca infinita en mi vida, una inspiración. Por eso, y más, las abuelas se deben respetar y amar, quiero heredarle eso a mi hija Marypaz con su abuela Lilliam. Porque lo bueno se canaliza, hay constelaciones del bien.

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