CR. El menos malo. Oscar Madrigal

Durante muchas décadas la izquierda costarricense ha sido atenazada por la disyuntiva de elegir entre dos opciones malas, teniendo que escoger a la menos mala. Desde 1966, recuerdo, cuando el PVP decidió votar por Oduber contra Trejos hasta los más recientes eventos electorales donde nos enfrentamos a laelección de alternativas, una más mala que la otra. Ayer la izquierda se decantó en la elección de magistrado por una persona ante la supuesta o real disyuntiva de elegir a un neoliberal más neoliberal.

Parece que la izquierda está condenada a tener que optar por los menos malos, lo cual se debe a la falta de una alternativa popular y a nuestra incompetencia para desarrollarla o empezar a hacerlo. Pero eso no ocurrirá sino rompemos con las tenazas que siempre hábilmente nos ponen los políticos. Generalmente se acercan a diputados y dirigentes para “explicar” que de no elegirse a un determinado candidato se corre el riesgo de que el más de derecha gane. Antes era la posibilidad de un golpe de estado o una ocupación yanqui. Ahora son los neopentecostales o ramashekos. Pero siempre para la izquierda es la disyuntiva del menos malo.

En la década de los 40 el PVP se introdujo en una vorágine con unos aliados inestables y traidores de la cual no pudo escapar hasta llevarlos a la anulación de las elecciones que los conduciría a una guerra civil con consecuencias políticas funestas. El aprendizaje debe retomarse.

La izquierda debe romper con este esquema malvado al que nos lleva la derecha, el del menos malo, si es que realmente queremos generar una alternativa popular y progresista. Esa alternativa empieza por una clara diferenciación e independencia.

No abogo por negar en determinadas condiciones votar por el menos malo. Pero ello debe ser condicionado a una estrategia de impulso de otra alternativa al neoliberalismo.

Es también necesario acotar algo sobre la trasparencia que se ha puesto tan de moda en los últimos días. La verdad histórica señala que La Nación, Teletica y otros medios, NUNCA han creído en la trasparencia. Hace pocas semanas el señor Armando González, director de La Nación, confesada cínicamente, que en las elecciones del 2014 había escondido y no publicado una encuesta que colocaba a José María Villalta en el primer o segundo lugar para no beneficiarlo. ¿Cómo puede hablar en estas circunstancias La Nación de trasparencia? Hace unos pocos meses, el PAC amparado en el secreto de la votación para magistrados, elegió a un magistrado de la Sala Constitucional que ni siquiera aparecía en la lista de elegibles, nombramiento negociado con el PLN a espaldas del público y cambio de la reforma fiscal. ¿Cómo puede el PAC en estas circunstancias hablar de trasparencia? Estos grupo de poder no creen en la trasparencia a menos que ella les convenga en determinados momentos.

Las trampas del poder son muchas y muy variadas, siendo la del menos malo una de ellas. Si no las desenmascaramos seguiremos siendo sus cautivos.

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