CR. La Costa Rica que se incendia. Abelardo Morales-Gamboa

La Costa Rica que se incendia…

La muerte de siete personas, dos niños y cinco adultos, cuatro costarricenses y tres nicaragüenses, la madrugada de este sábado 13 de abril no fue resultado de la pobreza, ni de la mala o falta de fortuna de las víctimas, de sus familias y de las demás familias que perdieron sus viviendas y lo poco que tenían para vivir. No fue su mala suerte, ni la mano de Dios o la ausencia de Dios.
Ello fue el resultado de la desigualdad social y de la injusticia que abre sus brechas entre esas barriadas pobres y los barrios residenciales “exclusivos”.
Las víctimas no lo fueron solo de las llamas, sino de una exclusión cada vez más escandalosa frente a la cual no solo crece la opulencia de algunos cuantos grandes acaudalados. También, la indiferencia no solo bajo la mirada trivial de quienes “nos mostramos sorprendidos” frente a la tragedia sino una nueva indiferencia que se acomoda dentro de esos muchos fundamentalismos que invaden la conciencia social; no solo los fundamentalismos conservadores sino también unas raras expresiones de fundamentalismo a las que hoy en día se le considera lo “progre” y avanzado.
En la lucha, originada desde muchas direcciones, por tratar de imponer a los demás una verdad fundamental, se ha perdido la perspectiva desde la cual se hace necesario mirar y construir la realidad.
Las de esta madrugada son finalmente las víctimas más frágiles de esa Costa Rica que se incendia y que vemos pasar frente a nuestra mirada y no nos convoca.

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