CR- CAMINATA EN MEMORIA DE MONSEÑOR ROMERO Y SERGIO ROJAS. María Trejos

el

Oscar Arnulfo Romero

(Agosto, 1917 – 24 de marzo, 1980)

“…en nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido,

les ruego, les ordeno en nombre de Dios, que cese la represión”[i]

Fragmento de su última homilía

24 de marzo, 1980

San José, Costa Rica

23 de marzo, 2019

En Costa Rica, cada 24 de marzo la Red Ecuménica de Lectura Popular de la Biblia, Centro de Amigos para la Paz (CAP), El Servicio Paz y Justicia (SEPARJ) nos convocan a hacer presente, en nuestro recuerdo y corazón, la vida y ejemplo de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. En esta oportunidad, ante el asesinato infame de Sergio Rojas perpetrado el pasado lunes 18 de marzo, se valora indispensable rendir homenaje también a su vida y lucha en defensa de la autonomía y territorios de los pueblo originarios. También, rendimos tributo a Berta Cáceres, semilla de liberación.

Como en años anteriores, difundimos la vida de Monseñor y su compromiso con las luchas de nuestros pueblos, donde se invita a las personas que recorren la avenida central a unirse a este acto conmemorativo. Coreamos y retrotraemos, a la vez, episodios y frases que trascendieron fronteras, siendo en símbolo práctico de “la voz de los sin voz”.

“Hay que cambiar de raíz todo el sistema.”

Antecede a este crimen atroz de Monseñor Romero, el asesinato de “Las Tres Calles” (junio, 1975), donde un grupo de campesinos que regresaban de un acto litúrgico fue asesinado sin compasión alguna. El 12 de marzo de 1977, pocos días después de ser nombrado Arzobispo de San Salvador, es asesinado el padre Rutilio Grande. También, son asesinados los sacerdotes Alfonso Navarro y Luisito Torres, Ernesto Barrera; y posteriormente, en un centro de retiros, es asesinado el padre Octavio Ortiz y cuatro jóvenes más. Luego, los padres Rafael Palacios y Alirio Napoleón Macías. Estos cinco crímenes de religiosos se dan bajo la consigna desde el poder de las clases dominantes: “Haz patria, mata a un cura”, en un contexto de permanente represión, tortura y crímenes de luchadorxs populares y población, en general.

Nueve meses después de su asesinato, 4 hermanas de la congregación orden de Maryknoll quienes brindan altruistamente ayuda humanitaria a los pueblos víctimas de la guerra: Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y Jean Donovan fueron víctimas de tortura, violación y asesinato por parte de los cuerpos militares de El Salvador.

Durante su ministerio Arzobispal, Mons. Romero se convierte en un permanente e implacable defensor de los derechos humanos de su pueblo, emprendiendo acciones constantes de denuncia contra la violencia desatada por los regímenes que gobiernan el país.

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“La Iglesia no puede ser conformista. La Iglesia tiene que despertar

la conciencia de dignidad. A esto le llaman subversión…”

(11 de marzo, 1979)

Cada domingo, en sus homilías hacía referencia al contexto creciente en injusticia, represión y violencia estructural, y la necesidad de transformarlo como pueblo, en medio de una campaña orquestada por los grupos de poder en contra de su ministerio arzobispal y su opción pastoral evidenciando la amenaza contra su integridad física. La “Iglesia Perseguida en El Salvador” se convirtió en ejemplo para todos los pueblos.

Durante la guerra civil de El Salvador, que inicia en 1979, Monseñor Romero se convirtió en “el pastor del rebaño que Dios le había confiado” por su férrea defensa de los derechos de los pobres y marginados.

“Esto no es provocar subversión, sino simplemente decirle a todos los que me escuchan, sean dignos, porque la condición del pueblo de Dios: es la dignidad y libertad de los hijos de Dios en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo”.

Monseñor intervino en los conflictos sociales que estaban destruyendo a su país y a su gente. Monseñor Romero recurrió a las palabras de San Agustín y Santo Tomás para justificar a quien se levanta contra las leyes opresoras.

).

El 24 de marzo de 1980 Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez fue asesinado, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, después de un frustrado atentado dinamitero en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús un mes antes.

En 1994 su sucesor en la archidiócesis de San Salvador, Mons Arturo Rivera y Damas, inició su proceso de beatificación. En 2005 el postulador de la causa, el obispo italiano Vincenzo Paglia, aseguró públicamente que “Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y de los pobres”. El 14 de octubre, 2018 es declarado santo, por el papa Francisco.

“La justicia es igual a las serpientes.

Sólo muerden a los que están descalzos.”
[i] El Salvador, 23 de marzo, 1980. Fragmento de última homilía, dicha un día antes de su asesinato. Tuvieron que pasar 31 años e intensa y constante presión del pueblo y a nivel internacional, para que se evidenciara que el asesino material fue el suboficial de la disuelta Guardia Nacional, Marino Samayor Acosta, bajo las órdenes de Roberto D’Abuisson, promotor de los macabros escuadrones de la muerte y mayor del Partido Arena, miembro el presidente y dictador Molina.

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